José Ignacio Falces Yoldi - Agronews CyL

Azucarera fue uno de los ponentes en Food 4 Future – ExpoFoodTech 2021 que se celebró del 15 al 17 de junio en Bilbao, un congreso internacional que reunió a 5.000 profesionales del sector de la alimentación y las bebidas procedentes de más de una veintena de países.

La directora de Relaciones Institucionales y Sostenibilidad, Isabel Vasserot, fue la encargada de dar a conocer las líneas del modelo de economía circular con que cuenta la compañía azucarera y con ella repasamos la citada intervención.

 

¿Qué ha supuesto la participación de Azucarera en un congreso internacional como Food 4 Future?

Lo cierto es que la propuesta en principio parecía algo arriesgada en fondo y forma por el momento de que se trataba, siendo el primer congreso presencial de este tipo en dos años, pero pronto aquí lo tuvimos claro.

En cuanto al fondo, había que gestionar una gran cantidad de temas y ponencias en la agenda, incluyendo prácticamente todos los aspectos de la producción, comercialización y nutrición/salud, con la sostenibilidad y la digitalización sobrevolando cada intervención. Finalmente, mi impresión es que hemos aprovechado al máximo la oportunidad de estar allí presencialmente y comprobar el nivel y profesionalidad de los expositores y ponentes en los distintos foros, con presencia de varios expertos de la casa.

En cuanto al formato, hay que decir que ciertamente ha sido una apuesta valiente para tratar de posicionarse en su liderazgo en cuanto a la filosofía, tecnología y tendencias del sector. No ha sido una feria al uso sino un congreso técnico tremendamente dinámico en el que aprender, compartir experiencias y hacer networking con las empresas proveedoras de conocimiento y tecnología. Curiosamente, fuimos de los pocos productores que estuvimos allí, pero estamos muy satisfechos de haberlo hecho y acompañar también a otros actores de la escena institucional como el Itacyl o nuestras compañeras de Vitartis. Estoy convencida de que otros nos seguirán en años venideros. En resumen, que había que estar.

Para Azucarera ha supuesto, por un lado, numerosos aprendizajes específicos, así como la reafirmación en cuanto a diversas tendencias en agroalimentación y procesos. También, poder dejar nuestro granito de arena en cuanto a cómo estamos encarando el futuro y el poder tractor de nuestra actividad, que se extiende mucho más allá de la fábrica en los territorios en que estamos presentes. Nuestro modelo de economía circular nos permite este alcance.

 

Una de las filosofías de Azucarera es devolver al campo lo que es del campo, ¿de qué manera?

Efectivamente, al campo y a otros sectores que, aún no siendo técnicamente del campo, están situados en el entorno de éste. La filosofía no es nada original pues se basa en los principios clásicos de la economía circular de reciclar, reducir, reutilizar y renovar a los que nuestros expertos de Anova (nuestro equipo de innovación de producto) y Betalia (marca con la que comercializamos nuestros coproductos) añaden un montón de conocimiento e investigación. De la remolacha es posible aprovecharlo todo o casi todo: un 75% es agua que reutilizamos y que, tras ser depurada, se devuelve al caudal, el resto es azúcar y materia seca; esta última se convierte en materia prima para alimentación animal, etc.

Sí que es cierto que como filosofías propias hemos añadido el hecho de pensar también en el proceso, es decir, no solo priorizar los propios productos sino en cómo llegamos a éstos porque muchas veces la innovación no se realiza sobre la propia materia prima sino a partir de otros insumos que intervienen en el proceso. Así, un coadyuvante (que es un elemento que se usa en el proceso pero que no está presente en el producto final) como es el carbonato cálcico se reaprovecha como enmienda mineral (fertilizante) que además está certificada como “ecológica”. Ese es nuestro producto “Carbocal”.

Y volviendo a otros sectores como decía inicialmente, me gustaría resaltar el enorme impacto que ejercemos gracias a este modelo de economía circular sobre otros segmentos productivos por la dependencia que dichos sectores tienen de nuestra actividad. Me refiero por ejemplo a las ganaderías a las que poder abastecer de pulpa de origen local en especial en tiempos de materias primas a precios elevados como el actual, o a los productores de levaduras a los que suministrar melazas para su producción o a la industria química y farmacéutica para las que los compuestos de sacarosa son un activo fundamental para sus procesos. Toda esta actividad depende de la fábrica azucarera y toda ella constituye un ecosistema productivo que ayuda a mantener vivos nuestros pueblos y nuestra industria. Es necesario buscar un equilibrio de todo ello, equilibrio que considere la descarbonización y también y por supuesto la sostenibilidad de nuestras fábricas.

 

El sector remolachero azucarero es uno de los que siempre ha estado con la "economía circular"... pulpa, melaza, Carbocal... ¿Es así?

Así es, esto no es nuevo. Quizá lo más nuevo sea el avanzar en todos estos coproductos para cubrir nichos de mercado menos clásicos o necesidades que constituyen las prioridades de nuestros clientes como por ejemplo el bienestar animal, el etiquetado limpio o la reformulación de alimentos.

Y por supuesto, y en general algo que conviene recordar, la fábrica azucarera genera energía (electricidad, vapor y biogás obtenido en las plantas de tratamiento de aguas residuales) cuyos usos exceden la demanda permitiendo un autoabastecimiento completo durante la campaña. El resto de energía que no necesitamos se vende a la red eléctrica. Esto es un elemento también clásico de nuestro modelo de economía circular que cobra más importancia se cabe en el futuro de la descarbonización, un futuro que estamos diseñando en la actualidad.

 

Sin embargo, en los últimos años se han producido importantes avances ¿nos cuenta algunos?

Por ejemplo, la pulpa, y en concreto la pulpa en rama, alimento natural, rico en nutrientes y que va como anillo al dedo a esas raciones ganaderas que necesitan de este ingrediente. En el pasado acababa la campaña y se acababa la pulpa. Ahora finaliza la campaña y el ganadero en su “trinchera” puede conservarla para ir usándola conforme a sus necesidades a lo largo del año. También podemos servírsela envasada en gran formato que llamamos “micro silos” o en “chorizos”. También en relación con la pulpa, la gran novedad es el proceso de secado, que ahora – con la excepción de la fábrica de Miranda - se realiza al sol y sin necesidad de encender los secaderos. Esto ha sido un gran avance que nos ha permitido reducir las emisiones significativamente, del orden de unas 100.000 t de CO2 en el conjunto de nuestras fábricas en los últimos siete años.

Otro producto singular desarrollado en los últimos años de la mano de nuestros clientes, con la ayuda del equipo del CETECE e ITACYL, es nuestro producto Fibractive FOS, un compuesto de fibra soluble a base de fructo-oligosacáridos (prebióticos) y azúcares que obtenemos de la remolacha y que es un perfecto sustituto de las grasas, los humectantes y otros aditivos.

Finalmente, y como ejemplo de aplicaciones “diferentes”, me parece curioso nuestro producto Betatrap, consistente en una solución natural con alta concentración en sacarosa formulada para mejor la eficacia de los tratamientos para el control de insectos en las cosechas, y especialmente diseñado para el trip y el pulgón.

 

La economía circular y las nuevas tecnologías van siempre unidas ¿en que trabaja Azucarera en estos momentos? ¿Qué inversiones ha hecho en las fábricas en los últimos años?

El objetivo es sin duda la “descarbonización global” pero también de manera muy concreta y por objetivos. “Global” porque pensamos en ello de una manera completa, desde que el agricultor decide “poner remolacha” hasta que el azúcar es entregado en casa de nuestros clientes y consumidores.

En el ámbito de nuestras fábricas, desde hace años estamos trabajando en varias líneas en las que hemos focalizado nuestras inversiones. Las principales se centran en la mejora de la eficiencia energética (uso del vapor y la electricidad). Además, hemos modificado las propias prácticas operativas, actualizado sistemas de control, sustituido maquinaria obsoleta por nuevos modelos más eficientes e impartido formación a nuestros compañeros en todas estas novedades. De esta manera podemos ir limitando y previniendo emisiones. También actuamos en la prevención del ruido y la contaminación lumínica. En el último ejercicio cerrado 19-20, según datos recientemente publicados en nuestra Memoria de Sostenibilidad, hemos invertido 9,4 millones de euros en todas estas cuestiones (la cifra incluye también otros aspectos como seguridad alimentaria, mantenimiento de fábricas e inversiones concretas en salud y prevención de los trabajadores).

 

Unido a ese nuevo concepto está siempre la protección del medio ambiente... ¿Qué pasos ha dado la empresa en este sentido? ¿Y qué planes de futuro tiene en este sentido?

La eficiencia energética ha sido hasta ahora nuestra gran apuesta, pero desde luego que con ello no basta si queremos conseguir los objetivos marcados por las políticas externas e internas que marcan nuestra agenda. Internamente, nuestra ambición es reducir un 30% las emisiones considerando como año base el ejercicio 18/19. Externamente tenemos que cumplir con la ambición europea del Pacto Verde consistente en la reducción de un 55% en las emisiones hasta 2030 y la descarbonización completa en 2050.

Para ello estamos estudiando de manera muy concreta el contexto geográfico, técnico y energético de cada una de nuestras fábricas de cara a poder plantear planes individuales para cada una de ellas que contribuyan a este fin.Y por supuesto y en paralelo, nuestra otra prioridad es la digitalización de la cadena de suministro en su integridad. De ahí pueden venir eficiencias claras y mejoras en las emisiones derivadas de dichas eficiencias.

Además, y en el plano agrícola, llevamos años trabajando con nuestros agricultores de la mano de Agroteo y Aimcra, en agricultura de precisión y eficiencia del uso del agua y la energía, ayudándoles a disminuir el uso no solo de estos dos recursos sino también del nitrógeno y de los productos fitosanitarios en sus explotaciones.

En agricultura de precisión hemos avanzado a través del uso del Big Data y de sistemas de teledetección. Esta técnica resulta de gran utilidad para dar un nuevo enfoque a las labores agrícolas y a la gestión del cultivo en sus facetas más importantes como son la gestión del nitrógeno y el estrés hídrico y el estado madurativo y contenido de azúcar de la remolacha.

Una menor utilización de todo ello repercutirá en menos emisiones del cultivo, un cultivo que, por su propia naturaleza ya es positivo pues la remolacha aporta nutrientes al suelo y contribuye a su mejora, a la vez que contribuye a captar CO2 atmosférico. Si hay un cultivo que sea sostenible desde la perspectiva medioambiental, ese es el de la remolacha en rotación con otros cultivos. Muchos clientes se están interesando ya por todas esas prácticas y acciones concretas en este ámbito.

 

Quizás el transporte de la remolacha hasta la fábrica es uno de los elementos sobre los que más se puede incidir para recortar esas emisiones ¿Hay alguna iniciativa en este sentido?

Sin duda, el transporte de materia prima y de producto terminado a los clientes es una parte esencial de las emisiones y supone un importante desafío por la complejidad de la obtención de datos de flotas que no son propias, pero también ahí estamos trabajando y tenemos compromisos desde hace algunos años.

Durante los días de campaña se movilizan en torno a cada fábrica aproximadamente 200 vehículos, realizando cada uno del orden de 3 o 4 viajes diarios. Así, en el ejercicio 2019/2020, el número de viajes realizado por los camiones que abastecen los centros productivos de Azucarera se ha situado en torno a los 60.000 desplazamientos.

La antigüedad de los camiones provoca un gran impacto sobre sus emisiones, por lo que, Azucarera estableció para la campaña 2018/2019 el objetivo de lograr una tasa del 15% de camiones matriculados a partir del año 2014 respecto al total de la flota. Este objetivo se aplica a modo de incremento medio anual en cada campaña, y los resultados desde su implantación han sido positivos, logrando un 25% en la campaña 18/19 y un 32% en la del actual ejercicio.

Este compromiso se une a los avances efectuados en años anteriores tales como el proceso de seguimiento de flotas mediante sistemas de geolocalización por GPS para la optimización de rutas y tiempos de espera en el campo algo que, a día de hoy, ha permitido que se alcancen altos grados de eficiencia.

Por último, decir que consideramos que sería importantísima la autorización para transportar 44 t de producto para ganar en eficiencia y desde luego en menores emisiones. En todo caso, parece que se está negociando en estos días y lo único que puedo añadir es que sería un paso adelante muy importante que equipararía a España con las condiciones ventajosas de los países competidores. Ojalá que el diálogo entre cargadores y transportistas concluya positivamente y en breve pues se lleva negociando muchos años y que ello pueda ser una realidad no solo para nuestro sector sino para todos los sectores agrícolas e industriales pues sin duda la competitividad y el medioambiente ganarían muchísimo.