
Comienza a salir el sol por el horizonte granadino y el frío de la mañana cala los huesos, la niebla cae sobre los olivos. Se comienza a oír el ruido de los tractores y el bullicio de la cuadrilla alrededor de la báscula con manos entumecidas, descargando cajas de aceitunas. Todos se hacen las mismas preguntas: ¿A cuánto está el aceite este año? ¿Compensa tanto trabajo? ¿Qué futuro le espera a mi hijo si sigue en el oficio?
Cuando solo vendes materia prima a granel, bailas al son del precio del día, del intermediario que aprieta y del mercado que se tambalea. Pero si tienes marca propia, controlas un cachito del relato, del valor y del destino de tu sudor. Esto es lo que han hecho en Conde de Benalúa, una cooperativa nacida en 1954 en Granada. No es una multinacional con despacho en cristal, son 2.000 familias que han decidido dejar de ser eslabón débil.
Sigue leyendo para conocer a fondo esta iniciativa y cómo se presenta como solución para el futuro del sector del AOVE.
Los números no engañan
Conde de Benalúa lleva más de 70 años en pie, fundada en 1954 como S.C.A. San Sebastián en Benalúa de las Villas (Granada), esta cooperativa no es un gigante impersonal. Son entre 1.800 y 2.000 socios agricultores los que forman su base social, familias que ponen el sudor en cada olivo y deciden juntos el rumbo.
En el terreno, la dimensión impresiona: más de 11.000 hectáreas en Producción Integrada certificada por Certifood, sumadas a 450 hectáreas ecológicas avaladas por CAAE. Eso da para cosechas que pasan de las 25.000 toneladas de aceituna, un volumen que habla de escala sin perder raíces.
¿Y en la almazara? El resultado es contundente: la última campaña dejó 8 millones de kilos de AOVE, procesados en sus dos plantas punteras de Benalúa y Deifontes, donde la tecnología abraza la tradición y les permite obtener premios como el primero en Amarga y Pica.
También ponemos caras a los datos: Antonio Rafael Serrano Valverde al frente como presidente, y Eduardo Valverde Granados como director general. Son quienes lideran de cerca, siempre disponibles para una entrevista exprés de 10-15 minutos con preguntas que calan: “¿qué cambió el juego?”, “¿qué más les costó?” y “¿qué no volveríais a hacer?”
De vender a granel a generar valor
Un cambio como el realizado por Conde de Benalúa no es cuestión de magia, son decisiones concretas que rompen la dependencia del precio del aceite a granel. Pero ¿cómo lo han hecho?
- Primero, han lanzado envasado propio y marcas que cuentan una historia, conectando el olivar granadino directo a la mesa del consumidor. Ya no son kilos anónimos.
- Blindan el origen de su producto con certificaciones como la DOP Montes de Granada, que no es un sello más: es una herramienta comercial que grita autenticidad y abre puertas en mercados exigentes.
- Suman calidad sensorial obsesiva (amarga, pica, frutado) y consistencia campaña tras campaña, gracias a almazaras que mezclan tradición con tecnología puntera.
- No se la juegan a un solo canal: venden granel a exportación, pero también envasados premium para hostelería, retail y directo.
Como dato reciente, el 29 de noviembre de 2023, Carrefour otorgó a Conde de Benalúa el Premio PYME a la “Transición Alimentaria”, recogido por su gerente Eduardo Valverde. Es el reconocimiento perfecto a esa metamorfosis: del campo a commodity barata y, ahora, a una propuesta diferenciada que cuida planeta, productores y paladares.
Marcas con alma propia
Las marcas de Conde de Benalúa son como una familia de aceites, cada una con su carácter y misión, pensada para llegar a distintos paladares y bolsillos sin perder el hilo común de calidad granadina.
- Amarga y Pica lidera en aceite de oliva extra virgen gourmet premium, amparada por la DOP Montes de Granada, y con premios de la propia DOP hasta un galardón de “frutado suave” en 2018 que celebra su intensidad sensorial.
- Conde de Benalúa funciona como el núcleo de este portafolio de productos AOVE, flanqueado de cerca por las líneas Bio, Benalúa y Duque de San Pedro, que cubren variedades desde las ecológicas hasta las premium más versátiles.
- Duque de San Pedro de Galatino brilla en el aceite arbequina, un perfil dulce y aromático ideal para ensaladas o pescados delicados.
- Olivar del Sur conecta de manera más profunda con el territorio: con los Montes Orientales y las faldas de Sierra Nevada, contando el relato del entorno en cada botella.
La jugada es estrategia pura: segmentan por perfil sensorial, formatos y públicos, sin que ninguna marca sea un “todo para todos”. Así, el agricultor socio ve cómo su aceituna llega a sitios distintos, pero siempre con valor añadido.
Dónde llega el aceite de oliva
El agricultor quiere saberlo claro: “¿dónde acaba mi aceituna envasada?” Conde de Benalúa no se queda en promesas, sus marcas están en canales reales y accesibles que cualquier socio puede comprobar con un clic.
- Amarga y Pica la tienda online propia dentro del ecosistema de la marca, ideal para compra directa.
- En El Corte Inglés e Hipercor, con páginas de producto listas para añadir al carrito, junto a Conde de Benalúa en sus supermercados online.
- En Amazon, hay presencia sólida con productos y hasta un “store” de marca dedicado, para llegar a quien compra con un dedo en el móvil.
- Con Carrefour, la relación es aún más visible: el Premio PYME a la Transición Alimentaria (2023) no solo es un trofeo, sino señal de estar en su radar comercial, abriendo puertas en un gigante de la distribución.
Estos son canales verificables que diversifican el riesgo y llevan el AOVE granadino a mesas de toda España, de lunes a domingo.
Sostenibilidad que cuesta sudor
En Conde de Benalúa la sostenibilidad no es postureo para redes sociales, es esfuerzo real que sale del bolsillo de socios y plantilla, pero que el agricultor entiende como necesario porque también paga sus facturas verdes.
Es por esto que en la cooperativa forman al 100% de su equipo en temas ambientales, para que cada decisión en la almazara o finca tenga fondo ecológico. También han colocado placas solares para bajar el consumo eléctrico y tienen un plan concreto para reducir fitosanitarios, empujando hacia lo sostenible con asesoramiento directo a los socios en esa transición que tanto duele al principio.
El cambio más visible: han dejado el PET para AOVE y solo usan vidrio, lata o materiales reciclables, pagando un packaging que el consumidor premia con lealtad. Cuando el cliente pide coherencia, la cooperativa asume el coste y lo gira en ventaja: menos desperdicio, más historia auténtica y puertas abiertas en mercados que miran la huella.
Raíces que no se venden
Conde de Benalúa no olvida sus orígenes, por eso su apuesta por el territorio es una cuestión de orgullo rural, no solo un motivo más de publicidad en Instagram. En Benalúa de las Villas, han abierto las puertas de la almazara a oleoturismo con visitas guiadas de hora y media por unos 10 €, donde el visitante pisa el mismo suelo que los socios, entiende el proceso y se lleva una botella que vale más por el relato vivido.
Así, la cooperativa diversifica ingresos y sostiene al pueblo entero. Cada turista que llega mantiene vivos los servicios locales (bares, talleres, escuelas), fija empleo en un mundo donde el campo se vacía. Los 2.000 socios ven cómo su esfuerzo no solo llena cisternas de aceite, sino que apuntala el futuro del pueblo, dando razones para que los hijos no cojan la maleta.
Es conexión real: el olivo, la almazara y la gente de Granada, tejiendo un orgullo que se siente y se hereda.
¿Qué puede aprender Castilla y León?
Castilla y León también tiene olivareros y cooperativas con potencial brutal, pero observando a Conde de Benalúa pueden aprender nuevas formas y estrategias que cualquier directiva puede adoptar el día de mañana, como por ejemplo:
- Controlar el final de la cadena: no quedarse en granel, lanzar envasado propio, marca personalizada y canales directos, desde tienda online hasta acuerdos con grandes superficies.
- Utilizar certificaciones: como DOP como palanca comercial que sube precio y abre exportación.
- Apostar por calidad y consistencia: paneles de cata, protocolos en almazara, trazabilidad total campaña tras campaña.
- Diversificación multicanal: con tienda propia, marketplaces como Amazon, hostelería, exportaciones, etc., para no depender de un cliente.
- Sostenibilidad con números reales: formación al 100% de la plantilla, placas solares que bajan la factura eléctrica, envases reciclables en vez de PET.
- Profesionalizar sin perder la esencia cooperativa: equipo comercial y marketing fuerte, datos en mano, pero siempre con el socio agricultor mandando en la gobernanza.
Con un modelo así, con decisiones que pagan facturas, generan orgullo y dan futuro al campo, cualquier cooperativa de Castilla y León puede ser la próxima en dar el salto.








