5 factores que agravan la crisis del olivar en Córdoba: sequía, calor extremo y plagas golpean la campaña 2025

La organización agraria ASAJA Córdoba alerta de que la falta de lluvias y las temperaturas anómalas están causando daños irreversibles en los olivares de secano, reduciendo drásticamente la producción provincial y amenazando la rentabilidad de los agricultores

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La provincia de Córdoba, uno de los epicentros del olivar andaluz, atraviesa una de las campañas más críticas de los últimos años. La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA Córdoba) ha lanzado una seria advertencia: el retraso de las lluvias, que ya supera las dos semanas respecto a la campaña anterior, está provocando estragos en el campo, especialmente en las zonas de secano donde las aceitunas comienzan a mostrar signos de daño irreversible.

En la campaña pasada, las precipitaciones comenzaron alrededor del 10 de octubre —una fecha ya considerada tardía entonces—, pero en 2025 el panorama es aún más desolador. El cielo sigue sin abrirse y los olivos, en plena fase de lipogénesis (el proceso en el que generan el aceite dentro del fruto), no disponen del agua necesaria para completar su desarrollo fisiológico. Sin este recurso vital, la aceituna no logra acumular la grasa que determinará su rendimiento final.


1. Sequía prolongada: el principal enemigo del olivar

ASAJA Córdoba subraya que la falta de lluvias en septiembre y octubre marcará una reducción notable en los rendimientos, incluso inferior a los ya bajos registros de la campaña 2023/2024. El estrés hídrico se ha generalizado, y en amplias zonas del olivar de secano las aceitunas presentan un aspecto arrugado y ennegrecido, síntoma de que el daño es irreversible.

Aunque el riego podría mitigar parte del impacto, los altos costes energéticos derivados del precio de la electricidad limitan la capacidad de muchos agricultores para mantener los sistemas en funcionamiento. Además, incluso en las fincas con riego localizado, ASAJA recuerda que el agua de pozo o embalse no sustituye al agua de lluvia, esencial para mantener la humedad del suelo y los equilibrios fisiológicos del árbol.

La organización agraria insiste en que, si persiste la sequía durante las próximas semanas, la previsión de cosecha provincial de 269.100 toneladas —realizada a principios de octubre— quedará muy por encima de la realidad final. El ajuste no será exclusivo de Córdoba: Andalucía podría quedarse lejos del millón trescientas mil toneladas previstas inicialmente, según la propia entidad.


2. Temperaturas anómalas y estrés térmico

Hasta hace pocos días, las temperaturas diurnas y nocturnas se mantenían inusualmente altas, impidiendo que el olivo entrase en su ciclo fisiológico normal. El calor persistente acelera la transpiración y la pérdida de agua, mientras que las noches templadas reducen el descanso metabólico del árbol.

Este fenómeno, que se suma a la sequía, altera la formación de lípidos dentro del fruto y compromete la calidad del aceite. “En este momento el olivo debería estar acumulando grasa, pero sin agua el proceso se interrumpe”, explica ASAJA, destacando que el calor fuera de temporada rompe el equilibrio del ecosistema agrario, afectando no solo a los olivos, sino también a los suelos y a la biodiversidad que los rodea.

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3. Plagas al alza: el caso del Prays oleae

A la falta de agua se suma otro frente: las plagas, que este año han causado daños especialmente severos. El Prays oleae, conocido popularmente como “polilla del olivo”, ha provocado una caída prematura de fruto en torno a la festividad de San Miguel, afectando gravemente a las producciones más tempranas.

ASAJA Córdoba advierte de que la escasez de materias activas eficaces para combatir este tipo de plagas está agravando la situación. La prohibición o limitación de ciertos productos fitosanitarios deja al agricultor con menos herramientas de defensa, lo que aumenta la vulnerabilidad del cultivo frente a insectos y enfermedades.

El resultado es un círculo vicioso: la falta de lluvias debilita el árbol, el calor acelera el metabolismo del insecto y la escasez de productos eficaces reduce la capacidad de respuesta del agricultor, lo que deriva en mayores pérdidas.

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4. Costes energéticos y rentabilidad en riesgo

El aumento del precio de la electricidad está teniendo un efecto directo en la viabilidad económica de las explotaciones que dependen del riego. Muchos agricultores cordobeses operan bajo márgenes cada vez más estrechos, y la combinación de bajos rendimientos y altos costes amenaza con dejar sin rentabilidad amplias zonas productoras.

ASAJA recuerda que el olivar cordobés se compone mayoritariamente de explotaciones familiares y de secano, por lo que el impacto económico de esta situación trasciende lo agrario y afecta a todo el tejido rural: empleo, cooperativas, transporte, y pequeñas industrias relacionadas con el aceite de oliva.

La organización exige una gestión eficiente del agua y medidas urgentes por parte de las administraciones para apoyar al agricultor en un contexto climático cada vez más hostil.


5. Una de las campañas más difíciles de la última década

“La falta de agua, las altas temperaturas y las plagas están configurando una de las campañas más difíciles de los últimos años para el olivar cordobés”, ha declarado ASAJA Córdoba en su último comunicado.

El escenario actual recuerda a los peores años de la sequía 2012-2014, aunque con un agravante: la variabilidad climática se ha convertido en la norma. Las oscilaciones extremas de temperatura, la irregularidad de las lluvias y la presión de las plagas son hoy factores estructurales que obligan a replantear el modelo de gestión agraria.

La situación del olivar cordobés no es un hecho aislado; representa una tendencia nacional que podría reflejarse también en otras regiones productoras como Jaén, Granada o Málaga. Si las lluvias no llegan pronto, España podría encadenar su tercera campaña consecutiva por debajo del millón de toneladas de aceite, un dato que afectaría tanto al mercado interno como a las exportaciones.


Medidas urgentes: gestión del agua y apoyo al agricultor

ASAJA Córdoba reclama una planificación hidrológica más ágil y eficaz, que priorice el uso agrícola en situaciones extremas y facilite el acceso a recursos alternativos, como balsas de almacenamiento y reutilización de aguas depuradas. También propone incentivos energéticos para reducir los costes de bombeo y promover sistemas de riego más eficientes.

Además, la organización pide un plan integral de lucha contra plagas que incluya investigación en nuevas materias activas y formación técnica para los productores, de modo que el olivar pueda adaptarse a un entorno climático más exigente.

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Una advertencia que va más allá del campo

La crisis del olivar cordobés refleja los desafíos estructurales del sector agrario español: dependencia del clima, altos costes de producción, dificultad para modernizar infraestructuras y falta de herramientas para gestionar el riesgo. El mensaje de ASAJA Córdoba no es solo un llamamiento al Gobierno o a las administraciones, sino una alerta a la sociedad sobre la fragilidad de un sector que sostiene buena parte de la economía rural y cultural de Andalucía.

En definitiva, 2025 será recordado como un año decisivo para el olivar. Si las lluvias no llegan pronto, el daño será irreversible no solo para la cosecha, sino también para el futuro de miles de familias que dependen del aceite de oliva como sustento y legado.

 
 


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