
La crisis que atraviesan los cerealistas en Francia alcanza una nueva dimensión en 2025. Por tercer año consecutivo, los productores de trigo y otros cereales registran ingresos negativos, un hecho que la Asociación General de Productores de Trigo (AGPB) considera “sin precedentes” y que amenaza con llevar al sector a un “punto de no retorno”. A pesar de la recuperación parcial de la producción respecto a la desastrosa cosecha de 2024, la caída sostenida de los precios, el aumento de los costes y las tensiones geopolíticas internacionales agravan una situación ya crítica.
Ingresos negativos por tercer año consecutivo
Según la AGPB, el ingreso corriente antes de impuestos (CAIT) en las explotaciones cerealistas especializadas se sitúa en -18.100 euros por trabajador no asalariado. Este déficit refleja un colapso económico en contraste con la media de 12.500 euros anuales positivos entre 2015 y 2025. En términos prácticos, para una explotación cerealista de unas 135 hectáreas, el balance anual arroja una pérdida de alrededor de 50.000 euros, lo que compromete la financiación de la siguiente campaña.
El presidente de la AGPB, Éric Thirouin, insiste en que “la ansiedad se apodera de muchos productores y algunos se rinden”. Además, advierte que Francia y Europa deben tener en cuenta la dimensión estratégica de la producción cerealista en un escenario de crecientes tensiones geopolíticas.
Una recuperación engañosa de la producción
La cosecha de trigo blando de 2025 alcanza los 33 millones de toneladas, lo que supone un incremento del 1 % frente al promedio 2020-2024 y un repunte del 29,8 % respecto a 2024, cuando la producción fue catastrófica. El rendimiento medio se sitúa en 74,2 quintales por hectárea, un 6,9 % más que la media de los últimos cinco años.
Sin embargo, este repunte no compensa la depresión de los precios. El trigo se paga a los agricultores en torno a 160 €/t, mientras que los costes de producción superan los 230 €/t. En consecuencia, existe una brecha de 70 €/t entre el precio percibido y el umbral de equilibrio.
El impacto de las tensiones geopolíticas y comerciales
El hundimiento de los precios no responde únicamente a la dinámica interna. La producción mundial en máximos históricos ha reforzado la presión de la ley de la oferta y la demanda. Además, los productores franceses sufren una doble penalización:
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Una paridad euro-dólar desfavorable tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de EE. UU.
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Una competencia internacional desigual, al estar exentos los rivales de las exigencias ambientales que se aplican en Francia.
A ello se suma la estrategia de actores como Rusia, que ignoran las normas de mercado y ofrecen precios agresivos, y la pérdida de acceso a mercados clave como Argelia, que representa unos 7 millones de toneladas. En total, Francia debería exportar entre 14 y 16,5 millones de toneladas de trigo blando de calidad, pero las existencias se acumulan por la falta de competitividad.
Palancas de acción inmediata, media y larga duración
La AGPB ha definido una hoja de ruta que incluye medidas a corto, medio y largo plazo:
Medidas inmediatas
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Activación de la reserva europea de crisis, prevista en el marco de la PAC para estabilizar mercados en momentos de desequilibrio.
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Eliminación total de impuestos a los fertilizantes, no solo para los procedentes de EE. UU. (propuesta que la Comisión Europea ya lanzó), sino también para otros orígenes, a fin de diversificar suministros y reducir costes.
Medidas a medio plazo
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Revalorización del precio de intervención europeo, fijado desde 2001 en 101 €/t. Según la AGPB, debería alcanzar al menos 170 €/t, teniendo en cuenta la inflación acumulada.
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Creación de reservas estratégicas de cereales, siguiendo modelos como Finlandia o China, que aseguran su abastecimiento frente a riesgos geopolíticos.
Medidas a largo plazo
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Refuerzo del presupuesto de la PAC 2027-2032, cuya reducción prevista del 20 % supondría un golpe letal para el sector. La AGPB exige, en cambio, un incremento del 50 %, recordando que en los últimos 20 años las ayudas a los productores de cereales se han reducido a la mitad.
Un sector exhausto y en pie de lucha
El propio Thirouin subraya que “la soberanía alimentaria no puede depender de un mercado inestable ni de la inacción política”. Con cinco gobiernos en apenas dos años, los productores denuncian la falta de respuestas concretas y llaman a una gran movilización el 26 de septiembre, en París y otras ciudades, junto a la FNSEA.
La AGPB destaca que los agricultores siguen siendo actores fundamentales en el diálogo político, pero advierten contra un “diálogo de sordos” en el que la agricultura está quedando relegada.
Conclusión: soberanía alimentaria en riesgo
El tercer año consecutivo de ingresos negativos confirma que la agricultura cerealista francesa vive su peor crisis económica en décadas. A pesar de la recuperación de la producción, los precios bajos, los costes elevados y las distorsiones internacionales generan pérdidas insostenibles.
La AGPB plantea una estrategia integral: desde la activación inmediata de la reserva de crisis hasta el diseño de políticas europeas más ambiciosas en el marco de la PAC. La supervivencia de miles de explotaciones y la seguridad alimentaria de Europa están en juego. La cita del 26 de septiembre será decisiva para medir la capacidad de presión del sector y la reacción de los dirigentes comunitarios.












