
El año 2025 no ha sido nada sencillo para el sector ovino ni para el mundo cooperativo. Así lo reconoce José Antonio Asensio, gerente del Consorcio Promoción del Ovino que se encuentra en la localidad zamorana de Villalpando, al analizar una coyuntura marcada por la incertidumbre, la pérdida continuada de ganaderos y una compleja maraña administrativa que dificulta cualquier proyecto de futuro. Aun así, entre los números rojos y la desilusión, el sector sigue aferrándose a la calidad del producto y al valor de la cooperación como tabla de salvación.
Año 2025 complicado para el ovino y el Consorcio
Los datos económicos reflejan una evolución desigual. Mientras la leche de oveja ha sufrido un notable retroceso en los precios, con una caída cercana al 11% respecto a 2024, la carne de ovino ha experimentado un comportamiento opuesto. El lechazo ha incrementado su valor alrededor de un 20%, una diferencia que evidencia la falta de equilibrio en la cadena de valor y que complica la planificación de las explotaciones. “Es diferente el comportamiento de precios en la leche que en la carne”, explica Asensio, subrayando la dificultad de sostener la rentabilidad cuando uno de los principales pilares productivos se debilita.
Más preocupante aún es la constante sangría de profesionales. El sector pierde ganaderos a un ritmo cercano al 7% anual, una tendencia que no se detiene y que se traduce también en una reducción de la producción, cifrada en torno al 5% tanto a nivel regional como nacional”, asegura . Son cifras que dibujan un escenario de contracción y envejecimiento, donde cada cierre de explotación supone no solo menos producción, sino también menos tejido social y económico en el medio rural.
Mirando al futuro inmediato, el horizonte de este 2026 no despeja del todo las dudas. En este sentido, el gerente del Consorcio afirma que “los proyectos existen para este año, pero su materialización se atasca en los despachos. Licencias, recursos, ampliaciones de documentación y requisitos normativos convierten cualquier iniciativa en un camino largo y farragoso. Hacer proyectos de futuro en Castilla y León es muy complicado”, lamenta, señalando una burocracia que considera más agresiva que en otras provincias. “Algunos planes llevan ya años sobre la mesa sin avances significativos, lo que genera frustración y desánimo entre quienes apostamos por seguir invirtiendo en el sector”, afirma.
Las dificultades administrativas afectan especialmente a las instalaciones, a los proyectos de ampliación y al cumplimiento de normativas orgánicas y medioambientales. Todo ello frena la capacidad de adaptación y crecimiento de las cooperativas, que ven cómo otras zonas cuentan con marcos más favorables para desarrollar iniciativas similares. La sensación de agravio comparativo está presente y alimenta la percepción de que emprender en el medio rural exige un esfuerzo extra que no siempre se ve recompensado.
En contraste con este panorama, el área de transformación ofrece una nota de optimismo. El proyecto quesero del Consorcio se ha convertido en un motivo de orgullo colectivo. El año pasado, el queso de oveja pasteurizado fue reconocido como el mejor de España en el Salón Gourmet, uno de los escaparates más prestigiosos del sector, y además lograron una medalla de bronce en el World Cheese Awards. Reconocimientos que refuerzan la apuesta por la calidad y la diferenciación como vía para ganar mercado.
Sin embargo, incluso en este ámbito, el avance es lento. El mercado responde con cautela y no está exento de complicaciones. Aun así, la cooperativa mantiene la ilusión de seguir ganando cuota y consolidar una marca que aporte valor añadido a la leche de sus socios.
Actualmente, el Consorcio agrupa a 540 ganaderos y comercializa alrededor de 40 millones de litros de leche de oveja al año, además de unos 67.000 lechazos y cerca de 12.000 cabezas de vacuno. Cifras que dan cuenta de la dimensión de una entidad que sostiene buena parte de la actividad ganadera en su entorno y que ejemplifica el papel clave de las cooperativas en la vertebración del sector.
Para su responsable, las necesidades del ovino pasan por algo más que ayudas o precios justos. Requieren orgullo, estrategia y una visión compartida. “Hay que presumir del sector y sentirse orgulloso de lo que se hace”, defiende, reclamando una apuesta firme por la cadena de valor y por productos tan emblemáticos como el lechazo o el queso de oveja. “Solo así el esfuerzo diario de los ganaderos podrá traducirse en un beneficio real para quienes están en el origen de todo que son los productores”, afirma.











