El pasado 13 de febrero se celebraron elecciones autonómicas en Castilla y León, casi dos años antes del plazo debido, puesto que cuando en mayor… el mandato que reciben de las urnas es que ejerzan su responsabilidad durante cuatro años. Cuando no se cumple ese periodo, de alguna forma se saltan su parte del contrato, así que de alguna forma no cumplen con su deber con los ciudadanos. A parte de los enormes recursos económicos, pero también sociales, que se gastan en cada proceso electoral, que deberían ser bien medidos y no utilizados a capricho.

Pero ahí nos metieron, y desde que se anunció la convocatoria parece que vamos a mil por hora y sin frenos. Opinadores y adivinos han acertado poco, ya desde el principio decían que, al ir a votar solo a las Cortes, sin llevar la papeleta del ayuntamiento o la nacional, habría poca participación. Pero lo cierto es que ha sido prácticamente normal, sobre un 65 por ciento. Y tampoco se calibró la enorme repercusión que iba a alcanzar el proceso electoral de la Comunidad Autónoma en resto del país: tanto quejarnos de que no existíamos, ahora casi hasta nos hemos lamentado de tanto seguimiento.

Se sumó un involuntario “candidato”, Alberto Garzón, con sus falsas y desafortunadas declaraciones sobre el sector ganadero, y como reacción otros candidatos se dedicaron a recorrer granjas, tantas que llegamos a preguntarnos si alguno se creía que las vacas y ovejas daban votos en lugar de leche. Llegó un momento que uno no sabía si eran elecciones autonómicas o nacionales, con este desfile nunca visto de líderes nacionales por Castilla y León, desde ministros, presidentes de otras comunidades y líderes nacionales de los partidos, todo perro pichichi se apuntó. Si venían a ayudar a los de aquí o a ayudarse a ellos mismos, eso está por ver.

Así llegó la noche del día 13, y los resultados lo cierto son más o menos los que apuntaban las encuestas (salvo la del CIS, que está a lo suyo), y sobre todo lo que se veía en la calle. El PSOE, ganador de las anteriores elecciones, ha perdido unos escaños, que sinceramente creo que más bien se los ha hecho perder el gobierno nacional.  El PP, que se da como victorioso, y así lo ha sido, está muy lejos de las mayorías absolutas de Herrera, y está obligado a pactar. Vox, la fuerza que más ha subido, tienes unas expectativas importantes de mando, que poco a poco, en la negociación y en el día a día, tendrá que ir modelando. Y otro punto importante que reflejan los resultados es el aumento en consolidación y votos de los partidos provinciales, por varias causas, pero una principal es que nuestras provincias, como pasa en otras del resto de España, se sienten desamparadas y marginadas. El movimiento está en ascenso y si esto progresa en cada provincia podríamos encontrarnos casi con una coalición regional.

¿Y ahora qué? Los castellanos y leoneses hemos cumplido nuestra parte del contrato, yendo a votar. Ahora, los elegidos tienen la obligación de llegar a los acuerdos precisos para consolidar un gobierno estable y sensato, que encauce a la Comunidad Autónoma en un momento muy importante para reactivar nuestra economía y nuestra sociedad, tan necesitada de población joven. Como habitante de esta tierra y como presidente de ASAJA, me parecería imperdonable que vengan de Madrid a decirnos cómo tenemos que conformar nuestro gobierno, atendiendo a intereses de partido y cábalas y tácticas sobre futuras elecciones nacionales, en lugar de a lo que aquí necesitamos. Sería una afrenta muy grave a nuestra tierra, esta tierra de nadie que, en medio de luchas políticas, sigue perdiendo población y recursos. No podemos soportar ni un desprecio más, y menos con el campo.

Donaciano Dujo. Presidente de ASAJA Castilla y León

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