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  • Al grito de “Moratoria ya, ni una licencia más” y frente a la sede de la Presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en Toledo cientos de personas han reclamado a Emiliano García Page una moratoria en la concesión de licencias de ganadería industrial.

  • Esta convocatoria se suma a las celebradas en diversos puntos de la geografía española, exigiendo que no se concedan más licencias de proyectos de ganadería industrial que no dejan de crecer, sobre todo en aquellos municipios más despoblados

Con este acto, organizado de forma conjunta en todo el territorio nacional por la Coordinadora Stop Ganadería Industrial bajo el lema "Moratoria ya, ni una licencia más", y respaldado por decenas de colectivos sociales, ecologistas, sindicales y políticos, estos colectivos han querido demostrar la fuerza de la sociedad rural contra la invasión de proyectos de ganadería industrial, ya que no dejan de autorizarse por las diferentes administraciones autonómicas a sabiendas de los riesgos para la salud pública y para el territorio que conllevan, pues ya son varios los pueblos con sus aguas contaminadas por los vertidos descontrolados de grandes cantidades de purines procedentes de este tipo de ganadería industrial.

El Palacio de Fuensalida, sede de la Presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ha sido el colofón de la protesta de este domingo de cientos de personas venidas de todos los rincones de la región afectados por estos proyectos. Los manifestantes han reclamado que no se instalen "ni en tu pueblo ni en el mío" este tipo de industrias tan contaminantes y exigir que se apruebe una moratoria a estos proyectos de forma urgente. “Nos espera un futuro negro a los pueblos, donde ya no será posible beber agua del grifo porque estará contaminada por los purines de los cerdos”, apunta Inma Lozano, portavoz de la coordinadora nacional y miembro de la plataforma de Pozuelo en Albacete (donde Cefusa-ElPozo pretende instalar 85.000 cerdos).

A Toledo han llegado autobuses y coches particulares de diferentes pueblos integrantes de la plataforma Stop Macrogranjas C-LM que, cansados de la pasividad del gobierno regional, muestran así su descontento y hartazgo y se oponen a nuevas instalaciones y a ampliaciones: “Donde se instala un proyecto de estos a los pocos meses llega la ampliación y ya no solo de número de cabezas o naves, nos quieren colar incineradoras de cadáveres o plantas de biogás, como en Villanueva de la Jara o en Cenizate, que no van a hacer más que fastidiarnos más  la vida a los que quedamos en los pueblos” apunta Remedios Bobillo, presidenta de Pueblos Vivos Cuenca.

Desde los movimientos vecinales han declarado su firme oposición a la instalación de este tipo de proyectos en nuestros municipios porque implican:

  • Poner en riesgo el suministro de agua de boca en muchos municipios, ya que este tipo de explotaciones tienen un consumo de agua desmesurado, llegando incluso a cuadruplicar o quintuplicar dependiendo del número de habitantes, el consumo del propio municipio. Son trasvases de facto a este tipo de explotaciones.

  • Contaminar nuestro aire, aumentando cada día las emisiones de gases de efecto invernadero, y sobre todo nuestra agua, un bien tan preciado y tan escaso, llegando a contaminar por nitratos, tanto las aguas superficiales como los acuíferos. Y más teniendo en cuenta la deficiente gestión que se hace de los purines, gracias a la falta de control sobre los mismos por parte de las Administraciones. Esto ya ha ocurrido en numerosos municipios de este país, donde llevan años sin poder beber agua del grifo. Y sin irnos muy lejos, aquí en Castilla-La Mancha tenemos un ejemplo: Huerta de la Obispalía en Cuenca donde el Tribunal Superior de Justicia, acreditó la contaminación del agua a consecuencia de la macrogranja en enero de 2018.

  • Arruinar la vida de muchos municipios y no crear riqueza en los mismos, que es como nos los intentan vender. Ya que a pesar de haber sido declarado sector estratégico, hasta en dos ocasiones, por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, no fija población. Un claro ejemplo, lo tenemos en Balsa de Ves (Albacete). Los trabajos generados son pocos y precarios porque las macrogranjas están altamente automatizadas. A lo que sumarían, aseguran los organizadores de la protesta, que destruyen más empleos de los que crean, ya que ponen en riesgo la economía del municipio donde se instala y de los colindantes, afectando no solo al sector turístico, también a la agricultura y a la ganadería tradicional de la zona. ¿Quién va a querer vivir o hacer turismo en un pueblo donde no se puede beber el agua del grifo dada la alta concentración de nitratos que tiene, ni abrir la ventana por el hedor que producen? Castilla-La Mancha está apostando por un sistema ganadero que está, hoy día, siendo cuestionado y rechazado en los varios países de la UE (Holanda, Alemania…) dada la contaminación que producen.

Desde los movimientos vecinales consideran que este tipo de industrias solo beneficia a las empresas cárnicas y es lesiva para el interés general de las vecinas y vecinos de nuestros municipios, por lo que reclaman una moratoria para las mismas en tanto no se defina y se ejecute un Plan Estratégico de Ganadería Intensiva que, además, consideran que debería someterse a una Evaluación Ambiental Estratégica que valore de forma detallada y rigurosa, el impacto ambiental acumulado de la ganadería intensiva en Castilla-La Mancha.

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