
La ganadería europea se encuentra ante uno de los mayores desafíos estructurales de las últimas décadas: reducir su elevada dependencia de materias primas importadas para la alimentación animal, especialmente soja y aceites vegetales como el de palma. Esta dependencia no solo supone un riesgo económico y estratégico, sino que también está vinculada a problemas ambientales de gran calado, como la deforestación, la pérdida de biodiversidad y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a su producción y transporte.
En este contexto, la investigación científica está explorando alternativas locales, eficientes y sostenibles. Una de las más prometedoras, aunque todavía poco conocida para el gran público, es el uso de insectos y sus derivados como ingredientes en la alimentación animal. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a través del Instituto de Ganadería de Montaña, se sitúa a la vanguardia de esta línea de investigación, evaluando el potencial de los aceites, harinas y componentes estructurales de los insectos para sustituir a ingredientes tradicionales de origen vegetal.
Un problema estructural de la ganadería europea
La nota de prensa asegura que buena parte de la alimentación del ganado europeo depende de materias primas importadas, principalmente soja y aceites vegetales. La soja, en particular, procede en gran medida de regiones como Sudamérica, donde su cultivo está estrechamente ligado a la deforestación de ecosistemas sensibles. A ello se suma el uso de aceites de palma, cuya producción genera un fuerte impacto ambiental y social.
Reducir esta dependencia es una prioridad estratégica para la Unión Europea, tanto desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental como de la seguridad alimentaria. La búsqueda de ingredientes alternativos de producción local se ha convertido en un eje central de la investigación en nutrición animal, y es aquí donde los insectos aparecen como una opción con un enorme potencial.
El auge científico de los insectos como alimento
El comunicado de prensa señala que el interés científico por los insectos comestibles se ha disparado en la última década. Entre 2001 y 2010 apenas se publicaban una media de 14 artículos científicos al año sobre este tema. Sin embargo, a partir de 2020, el número de publicaciones supera los 300 trabajos anuales, lo que refleja un cambio profundo en la percepción de los insectos como recurso alimentario.
Un punto de inflexión clave fue el informe publicado en 2013 por la FAO, que puso de relieve el alto contenido proteico de los insectos y las ventajas ambientales de su producción frente a otras fuentes de proteína y grasa. Aunque en muchas regiones del mundo la entomofagia forma parte de la dieta tradicional, en Europa la principal vía de entrada de los insectos es, por ahora, la alimentación animal.
El Instituto de Ganadería de Montaña, referencia en investigación
Según la nota de prensa, el Instituto de Ganadería de Montaña (IGM), centro mixto del CSIC y la Universidad de León, se ha consolidado como referente nacional e internacional en el estudio del uso de insectos en la alimentación de rumiantes. Su investigación no se limita a las harinas de insectos, sino que abarca también aceites y componentes estructurales como la quitina y el quitosano.
El enfoque del IGM es integral: evaluar no solo si estos ingredientes pueden sustituir a los convencionales, sino también cómo afectan a la digestión, la fermentación ruminal, la productividad del ganado y la calidad nutricional de productos como la leche y la carne.
El valor estratégico de los aceites de insectos
Uno de los aspectos más destacados del trabajo del IGM es el análisis de la fracción lipídica de los insectos. Aunque gran parte de la investigación mundial se ha centrado en las harinas como fuente de proteína, el comunicado subraya que los aceites de insectos representan una oportunidad inmediata, ya que en Europa están permitidos en la alimentación de rumiantes, a diferencia de las harinas.
Especies como la mosca soldado negra (Hermetia illucens) y el gusano de la harina (Tenebrio molitor) presentan contenidos grasos elevados y perfiles de ácidos grasos comparables a los aceites vegetales tradicionales. Esto facilita su incorporación en las raciones del ganado sin necesidad de grandes cambios tecnológicos.
El investigador del CSIC Pablo Gutiérrez Toral explica en la nota que el interés es doble: por un lado, reducir la huella ambiental de la producción ganadera; por otro, modular la calidad nutricional de la carne y la leche a través del perfil lipídico de la dieta.
Composición grasa comparable a los aceites vegetales
Una revisión sistemática de la literatura científica reciente, liderada por investigadores del IGM, muestra que los insectos utilizados como ingrediente en alimentación animal contienen mayoritariamente ácidos grasos habituales en la dieta del ganado: palmítico, esteárico, oleico y linoleico. Los porcentajes relativos confirman que se trata de grasas técnicamente comparables a las de origen vegetal.
La nota de prensa destaca que la mosca soldado negra es especialmente rica en ácidos grasos saturados de cadena media, con un perfil similar al del aceite de coco o palmiste. Por su parte, el gusano de la harina presenta un perfil más rico en ácidos grasos insaturados como el oleico y el linoleico, comparable al de aceites como el de colza, soja o girasol.
Además, uno de los grandes atractivos de estos aceites es su versatilidad: la composición puede ajustarse modificando el sustrato de cría de los insectos, lo que abre la puerta a ingredientes “a medida” para distintos tipos de ganado y objetivos nutricionales.
Resultados en ovejas: sustitución del aceite de palma
Entre los resultados científicos más relevantes, el comunicado de prensa menciona un estudio del IGM centrado en la sustitución del aceite de palma por aceite de mosca soldado negra en ovejas de raza Assaf. En este ensayo, se reemplazó el 2 % de la materia seca del pienso por aceite de insecto.
Los resultados fueron concluyentes: se mantuvo el elevado nivel de producción de leche característico de esta raza, sin diferencias en la eficiencia alimentaria ni en la fermentación ruminal. Tampoco se observaron cambios negativos en la composición de la leche, lo que demuestra que el aceite de insectos puede sustituir a lípidos de origen vegetal menos sostenibles sin comprometer la productividad.
Mejora del perfil nutricional de la leche
Un estudio posterior analizó con más detalle cómo el aceite de mosca soldado negra influye en la composición de la grasa de la leche. Según la nota de prensa, los resultados mostraron un aumento de algunos ácidos grasos considerados beneficiosos para la salud humana y una reducción de otros menos deseables, sin afectar ni a la producción ni a la calidad general del producto.
Estos hallazgos refuerzan la idea de que los aceites de insectos no solo son un sustituto viable de las grasas convencionales, sino que también pueden contribuir a mejorar el perfil nutricional de la leche, un aspecto clave desde el punto de vista del consumidor.
Ensayo internacional con vacas lecheras
La investigación del IGM no se ha limitado a pequeños rumiantes. El comunicado destaca un ensayo internacional de 50 días realizado con vacas lecheras en colaboración con la Universidad de Turín, en Italia. En este estudio, se sustituyó el aceite de palma hidrogenado por aceite de mosca soldado negra.
Los resultados confirmaron que el aceite de insecto no altera negativamente la digestión ni la composición de los ácidos grasos en el rumen. Además, se observó un aumento de la producción lechera de casi un litro por vaca y día, un dato especialmente relevante desde el punto de vista productivo.
El potencial del gusano de la harina
El IGM también ha comenzado a evaluar el uso del aceite de Tenebrio molitor. En estudios in vitro con raciones típicas de corderos de cebo y ovejas lecheras, este aceite se comportó de forma similar al aceite de soja o a los destilados de palma, sin efectos negativos sobre la digestión ni la fermentación ruminal.
La nota de prensa subraya que este aceite, producido a nivel local, podría sustituir lípidos importados menos sostenibles y, al mismo tiempo, contribuir a mejorar el perfil de grasa de la leche.
Más allá de los aceites: quitina y quitosano
Además de los aceites, el Instituto de Ganadería de Montaña ha explorado el potencial de otros componentes derivados de los insectos, como la quitina y el quitosano del gusano de la harina. En cultivos ruminales in vitro, estas moléculas mostraron capacidad para modificar la fermentación, con una ligera disminución de la producción de gas y cambios en la composición de los ácidos grasos.
Aunque estos resultados son preliminares, el comunicado apunta a que, con ajustes en la dosis o estudios en animales vivos, estos compuestos podrían desempeñar un papel interesante como moduladores de la microbiota ruminal.
Una alternativa sostenible y viable
En conjunto, la nota de prensa concluye que los insectos constituyen una alternativa sostenible y viable para la alimentación de rumiantes. Los aceites de insectos permiten reducir la dependencia de cultivos con alto impacto ambiental, mantener la productividad del ganado y mejorar la calidad nutricional de la leche y la carne.
Además, abren la puerta a aprovechar otros componentes de los insectos y a desarrollar nuevos derivados que refuercen la sostenibilidad y la autosuficiencia de la ganadería europea.












