Agronews Castilla y León

España es, desde hace ya muchos años, líder mundial por calidad, producción y comercialización de aceites de oliva. Y así se prevé que siga ocurriendo en una campaña 2020/21 marcada por la disminución del 2,8% de la producción mundial de aceite de oliva, debido a las importantes existencias de aceite en el mundo, generadas por la fuerte producción de la UE en la campaña 2018/19. Lo que también es previsible es que este superávit disminuya en la próxima campaña debido al aumento del consumo impulsado por la preferencia de los consumidores del aceite de oliva en los hogares. 

Pese a estos datos, el sector olivarero empieza a demandar ya cuadrillas de jornaleros para el inicio de la recogida previsto para los meses de octubre y noviembre, lo que supone un alivio tanto para el propio sector como para miles de familias cuyos ingresos dependen directamente de estas campañas. 

Lo que volverá a ser innegociable serán los altos estándares de calidad de nuestro aceite, la cual depende en gran parte de que el proceso de molturación o molienda se lleve a cabo antes de las primeras 24h desde la recolección. Así lo confirma Paola Corbalán, gerente de Reyvarsur, empresa española líder en la distribución de motores y reductores para la  molienda. 

Según datos de la Organización Interprofesional del Aceite de Oliva Español (OIAOE), se estima que nuestro país copa el 40% de la producción mundial de aceite de oliva (1,3 millones de toneladas por año),  con alrededor del 25% de la superficie de olivar del mundo (3,6 millones de hectáreas y unos 350 millones de árboles). Es, en resumen, el olivar más productivo y moderno del mundo.

Pero tras la entrada en escena de la Covid-19 y sus efectos colaterales como el cierre del canal HORECA (hoteles, restaurantes y cafeterías) o la tendencia del consumidor a almacenar grandes cantidades de aceite en sus casas por miedo a una situación de desabastecimiento derivada de un hipotético nuevo confinamiento, ha provocado que  el sector del aceite de oliva haya sufrido especialmente estos últimos meses. A todo esto hay que sumar otros factores como una de las crisis de precios más severas de la historia que viene ya desde principios de 2019, o la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos a las importaciones de aceite de oliva embotellado de origen español.

Con todo ello, en apenas dos meses comenzará una nueva campaña de recogida de la aceituna que volverá a demandar la mano de obra de un buen número de cuadrillas de jornaleros, lo que supone un cierto alivio para la economía de muchas familias que se han visto afectadas por el aumento de las cifras de paro recogidas en el sector agrario durante los últimos meses. Sin ir más lejos, el desempleo dentro de este sector subió un 15,4% en junio, según datos del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social

Por esta razón, ya se empiezan a publicar ofertas de trabajo en los diferentes portales de empleo públicos y privados, así como en páginas de anuncios y/o clasificados. Cooperativas, empresas o los propios dueños de las fincas vuelven a demandar una mano de obra que les asegure una recogida en tiempo y forma, como punto de partida para los procesos posteriores que marcarán esa alta calidad del aceite de oliva “made in Spain”.

Más allá de la cantidad, ¿cómo seguimos protegiendo la calidad de nuestro aceite?

Tras la recogida de la aceituna y su almacenamiento llega la fase más delicada del proceso de producción del aceite de oliva: la trituración o molienda de las aceitunas. Al contrario de lo que sucede durante el proceso de recogida, en este punto entra en juego la tecnología y la importancia de contar con maquinaria fiable que garantice esta molienda. Así lo confirma Paola Corbalán, gerente de Reyvarsur, empresa con más de 40 años de experiencia en la distribución de los motores y reductores que componen la maquinaria de molienda. «Tras pasar por el defoliador, donde se separan las aceitunas de las hojas y pequeños trozos de ramas provenientes de la cosecha, las primeras entran directamente en la trituradora, comenzando el ciclo de procesamiento real conocido como molturación o molienda. La molturación tiene como función romper las células de la pulpa que contienen el aceite (70%) y del avellano (30%) para su extracción. Que la maquinaria y sus diferentes engranajes funcionen correctamente es clave a la hora de lograr un aceite de calidad que, pese a la actual situación de crisis que estamos viviendo, siga manteniéndonos a la cabeza de los mejores aceites de oliva del mundo. Porque estoy convencida de que el consumo se verá aún más incentivado si cabe,  por la consideración del aceite de oliva como un producto de buen valor y saludable».

En resumen, el sector olivarero y del aceite afronta una campaña atípica y previsiblemente complicada, donde nuevamente será vital una correcta coordinación entre los diferentes actores para que, pese al actual contexto socioeconómico, la campaña 2020/21 de recogida de la aceituna supongo un respiro para el citado sector y, por consiguiente, para el conjunto de nuestra economía.

 

 

 

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