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Publicado por José Ignacio Falces

Desde luego éste no es el momento más adecuado para utilizar terminología bélica, pero, las consecuencias de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, más lo que se arrastraba de toda la crisis del coronavirus ha tenido una consecuencia inmediata: la famosa “aldea global”, de la que tanto se han enorgullecido muchos, ha saltado completamente por los aires y la última muestra la hemos tenido en los lineales de los supermercados: no tenemos aceite girasol. En la poderosa Unión Europea, no puedo comprar seis litros de aceite de girasol para hacerme unos buenos bizcochos y darme al engorde, es que, permítanme la exageración, la hipérbole que se decía cuando estudiaba, nos los están racionando.

La ya conocida como la “crisis del aceite de girasol”, lamentablemente va a ir mucho más allá de que yo me engorde unos kilos con los ya citados bizcochos, ya que ha hecho, por ejemplo, que muchos europeos, y por ende muchos consumidores españoles descubran, que dependemos de las importaciones de Ucrania para el girasol… o de las de soja o maíz de Estados Unidos u Argentina…

Y es que la aparentemente sólida soberanía alimentaria comunitaria, tanto en cantidad como en calidad, para sorpresa de muchos, entre los que se encontraba el actual comisario de Agricultura de impronunciable apellido polaco, se ha desvanecido como por arte de magia y con ellas las tan anunciadas estrategias de la “granja a la mesa” y de la “biodiversidad” que sin ponerse en marcha no es que se hayan puesto en entredicho es que se han demostrado inservibles cuando uno de los principales socios agroalimentarios de la UE, como es Ucrania, se ha visto golpeada por una cruenta invasión que va a impedir que sus exportaciones de maíz o girasol puedan salir al mercado y si lo hace lo hagan con grandes dificultades…

Y es que los ejes de la PAC a partir del 2023 se han mostrado opuestos a situaciones de crisis como la actual. Ante la falta de maíz, girasol, trigo e incluso fertilizantes por la situación en el este de Europa… la respuesta de los “burrocratas” de Bruselas es poner cada vez más trabas a la producción, haciendo una agricultura más verde…eso dicen ellos…reduciendo drásticamente el uso de fertilizantes químicos, por ejemplo, lo que va a provocar que los rendimientos caigan, así lo dicen múltiples informes incluso algunos elaborados por agencias de la misma Comisión Europea, por encima del 20% poniendo en jaque la oferta de alimentos que demandan los consumidores comunitarios.

Ya el propio Comisario ha anunciado que se va a estudiar una revisión de esos planteamientos, así las organizaciones agrarias ya están pidiendo una mayor flexibilidad de la PAC de 2022, si la que se está tramitando ahora, para evitar, por ejemplo, que 500.000 hectáreas de Castilla y León se dediquen a barbechos cuando los ganaderos están agonizando por las fuertes subidas de los piensos o los consumidores se han asustado por que les “racionen” las botellas de girasol a 3/5 por persona y día. Quizás sea el momento de plantearse si es bueno para Europa dejar miles de hectáreas sin sembrar, de carne o leche sin producir por ese ecologismo mal entendido y depender de lo que nos llegue de fuera. ¿Están los consumidores europeos dispuestos a que otras crisis les deje los estantes vacíos de los supermercados?

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