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Publicado por Jesús Molpecere...

Si hay algo en lo que casi todos estamos de acuerdo es que vivimos una situación muy excepcional que augura grandes e importantes cambios en nuestro modo de vida. Hemos sido, muy a nuestro pesar, protagonistas de la historia y debemos asumir que a partir de ahora nada volverá a ser exactamente como fue. Como si de una catarsis se tratase, el mundo debe plegarse al poder de la naturaleza también en sus azotes más implacables y empezar a construir un nuevo estatu que nos permita adaptarnos una vez más a las exigencias de nuestro entorno.

La hemeroteca es despiadada con el ser humano. Las grandes plagas, ya descritas en la Biblia, nos han visitado irremediablemente a lo largo de nuestra existencia y al ser humano no le ha quedado otra opción que sufrirlas, sortearlas y aprender a vivir con y a pesar de ellas.

Pero tras cada golpe vital siempre surgen, por una primaria cuestión de subsistencia, nuevos conceptos de adaptación a las circunstancias que nos permiten resurgir de nuestras propias miserias e iniciar el siguiente capítulo  a la espera del próximo toque de atención de nuestro entorno.

Este período de confinamiento que estamos pasando ha despertado, además del ingenio para adaptarnos al espacio y a la convivencia, nuestras más primarias necesidades como seres humanos. Salir de casa nunca ha sido tan prioritario. Hemos echado de menos hacer algo que, posiblemente la mayoría de la gente no ha hecho nunca, como salir al campo, pasear por un camino, subir a un monte, andar por una pradera… en definitiva: hemos echado de menos el mundo rural.

De repente nos hemos percatado que la gente que habita en un municipio ha tenido a su disposición aquello que en las ciudades no solo no hay, sino que nunca habrá. De repente sentimos envidia de quienes están rodeados de campo, praderas, pinares, montes, ríos, animales… y un extenso catálogo de privilegios naturales que siempre han estado allí pero que no solo no habíamos reparado en ello sino que con nuestra desidia estábamos ayudando a desaparecer. De repente, en definitiva, hemos descubierto La España Vaciada.

Ahora y durante mucho tiempo, muchos querrán volver a reeditar sus orígenes rurales al recuerdo de este infausto tiempo en que hemos visto, muy de cerca, nuestra fragilidad humana. Muchos volverán su vista atrás para ver si ha quedado algo a lo que agarrarse en sus municipios de origen. Ya sabemos lo van a encontrar, pueblos con las casas hundidas, calles sin tránsito, monumentos abandonados y menosprecio institucional a todos los niveles. Y buena gente, qué duda cabe.

El tele trabajo ha venido para quedarse. Que levante la mano quien no haya soñado, en la mayor o menor incomodidad de su vivienda estos días con vivir en un municipio rural, trabajando desde casa con su ordenador mientras la naturaleza le regala con vistas, sonidos y sensaciones que en la ciudad hace tiempo que no existen.

Pero nos vamos a dar de bruces con la cruel realidad. La España vaciada seguirá siéndolo si no nos ponemos en marcha para adecuarla a estos nuevos tiempos que sin duda surgirán por la necesaria aclimatación al nuevo capítulo que empezamos a escribir entre todos.

Señores gobernantes, necesitamos cobertura digital en nuestros municipios YA. No hay excusas para no hacerlo. No hay impedimentos técnicos y tampoco hay, a la vista del continuo derroche de dinero al que nos tienen acostumbrados, impedimentos económicos. Exigimos que, para el próximo toque de atención de la madre naturaleza, que vendrá sin duda más pronto o más tarde, nuestro entorno rural esté en las mismas condiciones que el urbano para el desarrollo de cualquier actividad y que el modo y lugar de vida y de trabajo de nuestra población esté determinado solamente por la libre elección y no por la obligación.  No nos defrauden una vez más. Un saludo.

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