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Publicado por Jesús Molpecere...

Los que provenimos de una cultura rural, cosa que en mayor o menor cercanía somos todos, tenemos muy arraigada la enseñanza que la experiencia nos ha proporcionado y transmitido a través de los dichos y refranes populares. Esta vez, lamentándolo mucho, viene a colación una de esas frases de sobra conocida en alusión al placer culinario que proporciona, o proporcionaba, el sabor dulce de algunos alimentos: “a nadie le amarga un dulce”.

Los niños de antaño que disfrutábamos de un buen bocadillo de mantequilla con azúcar, cuando el azúcar no era el enemigo público número 1 sabemos del placer que, al menos antes, proporcionaba tan requerido manjar. Hemos crecido con los algodones de las ferias o con las codiciadas manzanas, casi siempre pequeñas y picadas, cubiertas del delicioso néctar acaramelado.

Pero eso ha cambiado. Ahora el azúcar, por lo visto, es malo para nosotros y para nuestros hijos. ¡Qué lo vamos a hacer!. La gente ha asumido, como ciencia cierta, que son mejores los edulcorantes químicos compuestos de palabros innombrables y que “edulcoran” o algo parecido con la suficiente convicción como para olvidar y denostar al otrora rey de la dulzura.

Esto no sería más que un nuevo capítulo de sumisión a la pseudocomida moderna que con tanta fuerza e incoherencia ha sido capaz de ganar terreno en nuestra sociedad, si no fuese por la catástrofe que está suponiendo al sector remolachero de nuestra Comunidad, comandado por el gigante, ahora con pies de barro, ACOR y por el resto de empresas del sector.

Nadie podía ni siquiera imaginar, allá por los años 60 cuando ACOR daba sus primeros pasos de la mano de 4.000 valientes socios que medio siglo después, la demonización del consumo de azúcar podría determinar seriamente su supervivencia a corto plazo. Parece que auguramos un escenario imposible, pero en la cuenca del Ebro tampoco se lo creyeron hasta que ya fue demasiado tarde.

Ahora ACOR se desvela por investigar y por diversificar cultivos y nuevos horizontes para no terminar amargados culinaria y económicamente. Qué bien que lo hayan decidido. Qué pena que no lo hubiesen hecho hace 25 años.

Es difícil reaccionar cuando a uno le va bien en cualquier estamento de la vida. La comodidad de una buena situación, también económica, es el germen de una casi segura mala racha. ACOR ha estado muy tranquila con su hegemonía en el sector y con la exquisita plantilla de agricultores siempre fieles y dispuestos. Demasiado fieles y demasiado dispuestos.

Pero no es momento de reproches. Tampoco de olvidarse de los errores. Ahora hay que sacar el culo de las ascuas y empezar una nueva era que devuelva a nuestro sector el sabor dulce del trabajo bien hecho y rentable. Estamos contigo ACOR. Expectantes y vigilantes. Espero altura de miras de sus dirigentes. Espero cambios importantes también en su actuación. Espero que valoren el potencial humano que hasta ahora les ha seguido casi de forma incondicional y devuelvan la ilusión por un trabajo que dignifica a quien lo hace. Un saludo.

Comentarios

Muy bien dicho, Jesús. Bastante claro. Lástima que el sector de la remolacha azucarera esté conociendo horas tan bajas. Un abrazo. Nacho Plaza.

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