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Publicado por Jesús Molpecere...

Somos un país muy peculiar. Cuando tenemos algo que celebrar enseguida descorchamos champan y lo desparramamos por el aire con la esperanza de poner perdido a quienes tenemos a nuestro lado.

Es cierto que no son tiempos de celebraciones y, posiblemente, se tarde mucho en tener un verdadero motivo de festividad y cuando creamos tenerlo, la realidad se impondrá y nos devolverá a la inevitable sentencia de los datos. Lo malo es que, para entonces, habrá que añadir a la larga lista de malas noticias una que me hace especial daño porque, además del tremendo varapalo económico para quienes la van a padecer, se une el sentimiento de irreversibilidad que supondrá un duro golpe para nuestra forma de vida tradicional.

Me refiero, por supuesto, a la casi segura desaparición del ganadero de ovino de carne de esta, nuestra región castellanoleonesa.

Todavía no nos hemos repuesto de la sangría que la cabaña ovina ha sufrido en las pasadas décadas a causa de una globalización en el consumo y de una estupidez masiva que provoca que comamos lechazos ingleses o franceses, sacrificando de forma ofensiva el matiz de calidad en aras de un presunto ahorro de unos pocos, poquísimos euros.

Ya se pueden considerar como verdaderos nostálgicos los escasos valientes que siguen apostando por el mantenimiento de una actividad ganadera, otrora orgullo y seña de identidad de nuestra región. El pundonor que han demostrado modernizando sus explotaciones con el único objetivo, de seguir produciendo la máxima calidad a menor coste para intentar competir con las exportaciones les hace merecedores de un respeto colectivo que no termina de llegar.

Pero, tal y como he dicho al principio, somos un país muy peculiar. Preferimos comer mal con tal de que sea barato. Pero, ¿realmente es barato? ¿estamos seguros de que no nos están vendiendo como lechazo nacional animales de otras procedencias y encima congelados?

La oveja pare solo una vez al año. Si cuando el lechazo está listo para el mercado, éste no existe o le ha dado la espalda, deberán sacrificarlo y esperar otro año para ver si vienen tiempos mejores. Mucho me temo que, si permitimos esto, no vendrán para la mayoría. En este momento hay una camada en ciernes y no podemos, ni debemos, permitir que se malogre.

Por eso, hoy quiero poner mi granito de arena para que nuestros ganaderos de ovino no tengan que formar parte, como tantas veces ha ocurrido, de la hemeroteca regional. ¡Brindo por ellos! ¡qué digo por ellos… brindo con ellos! Estoy decidido a encargar y reto a todos a que hagan lo mismo, un buen cuarto de lechazo, o dos si es menester y pienso levantar mi tenedor al cielo y brindar por ellos, por los ganaderos, por su trabajo y por su pundonor.

Únete al reto, como se dice ahora en la red. Colabora y pégate un homenaje, junto a los tuyos, con una de las carnes más sanas y deliciosas que tenemos a nuestro alcance. Si no lo hacemos desaparecerán y luego vendrá “la cebada al rabo” y yo añadiría y el cordero inglés congelado. Estás avisado. Un saludo.

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