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Publicado por Jesús Molpecere...

Hace 365 días que el campo español decidió plantar cara a la indiferencia de tantos y denunciar abiertamente el abandono institucional y social al que se le ha sometido. Y digo 365 días porque si lo cifro en un año, no hace justicia al largo período de tiempo transcurrido sin que hayamos notado el más mínimo proceso de enmienda. Si hay algo que hemos aprendido en estos dramáticos días, en los que debemos permanecer confinados en nuestras casas, es que un día, un solo día, puede ser toda una eternidad.

Situados ya en este intervalo de tiempo transcurrido desde aquel 31 de marzo de 2019 y el actual, podríamos decir que lo que se denunciaba entonces con grandes dosis de esperanza y de entusiasmo, no solo no se ha paliado ni siquiera mínimamente, sino que nos encontramos, un año más viejos, con las mismas inquietudes, necesidades y desprecio de algunos.

Ya sé que estamos en un lapsus de tiempo en los que los tremendos problemas sanitarios que nos aturden deben canalizar todos los esfuerzos no solo institucionales sino también económicos y sociales. También los hombres y mujeres de nuestro sector primario se han desplegado en un alarde de responsabilidad, profesionalidad y valentía dignos de una forma de ver la vida siempre priorizando el bien común, como se ha hecho, tradicionalmente, en nuestro mundo rural.

Ya habrá tiempo de retomar la justa protesta de nuestro sector. Ya volveremos, una eternidad después, a demostrar, ahora con más motivo si cabe (que yo creo que no cabe), que este sector es imprescindible y no se merece el declive económico al que una falta incomprensible e injustificada de rentabilidad le está abocando.

Hasta entonces, seguiremos luchando por y para el resto de la población, igual que hacemos estos días, con la esperanza de despertar de este mal sueño lo antes posible y, sobre todo, los más posibles. Mucha suerte. Un saludo

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