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Publicado por Jesús Molpecere...

El ilustrísimo poeta Don Jorge Manrique de Figueroa, conocedor, como pocos, del sentir castellano no lo pudo expresar de mejor forma en su lamento más conocido y que, por derecho, se convirtió en una añoranza del pasado que no hace sino renovarse a lo largo del tiempo cada vez con más veracidad y actualidad: “…cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Yo diría que fue mejor, o peor… pero, al menos, fue. Si prescindimos de la imprescindible memoria, esperpento en sí mismo, y nos centramos en analizar la situación de gran parte (cada vez más grande) de los municipios castellanos y leoneses, podremos comprobar un catálogo de “eras”, que decía el chistoso para referirse al pasado sin retorno (esto era mío, esto era una iglesia, esto era…) que ocupan ya casi la totalidad de los municipios más pequeños y que deberían despertar las consciencias de quienes han decidido pasar definitivamente página a la historia rural de nuestra Comunidad.

La arruga es bella, se decía para ponderar, además del aspecto maduro y rasgado que el paso del tiempo imprime en  un rostro humano, la sabiduría y el sosiego que desprende. Nada más cierto. Pero en nuestros pueblos menos poblados, la estampa que podemos contemplar, en sus calles y edificios está lejos de transmitir madurez, sabiduría o belleza.

Ruinas por doquier, casas hundidas, tejados al descubierto… desolación es lo que se nos presenta ante nuestros ojos por mucho que algunos, en un último intento de ordeño económico a una sociedad casi desaparecida, pretenden vendernos bajo el auspicio del turismo rural y de interior.

Se nos ofertan, desde los operadores turísticos, rutas de pueblos despoblados. Existen catálogos interminables de edificios singulares hundidos o desaparecidos, o postales nostálgicas con figuras anónimas en sepia ajenas al triste final que les deparaba el destino. ¡Pasen y vean! ¡La mujer barbuda… el hombre de tres piernas… La niña de dos cabezas… el pueblo abandonado!

En estos días se ha nominado a Bonilla de la Sierra, un precioso pueblo de Ávila, de apenas 120 habitantes, como uno de los municipios más bello de Castilla y León. ¡Y vaya si lo es! ¡Cómo debió ser, allá por los años 50, con 1.100 vecinos! ¿Nadie se lo ha preguntado? Lo que hubiera dado por conocerlo.  ¿Será quizás otro candidato, en pocos años más, al catálogo de ruinas que tanto parece gustar a alguno?

En estos días podremos ver en FITUR multitud de países enseñando orgullosos sus rincones rurales más recónditos llenos de belleza y de modernidad sostenible. Nosotros les enseñaremos nuestro catálogo de ruinas y de futuras ruinas, por si alguien tiene a bien pasarse a fotografiarlas antes de que desaparezcan.

Yo seguiré en mi empeño personal de arrimarme a quienes quieran de forma activa intentar revertir este despropósito o al menos ralentizarlo. Cuento contigo. Un saludo.

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