Pinar resinero. foto: Jesús Molpeceres
Imagen de Jesús Molpeceres Picón
Publicado por Jesús Molpecere...

Hasta ahora se había considerado, tradicionalmente, como oro liquido al aceite de oliva. No seré yo quien destrone a este insuperable componente de nuestra más exquisita dieta mediterránea. Pero no, no me refiero precisamente a un manjar culinario pese a que hablo de uno de los recursos económicos del siglo pasado que dio de comer a muchas familias de nuestra Comunidad.

Nuetros pinares han sido, sin duda alguna, uno de los pilares naturales que más han aportado a una generación rural que ha sabido conjugar el cuidado de la naturaleza con el aprovechamiento de sus recursos. Albar o Negral, o dicho en lenguaje coloquial piñonero o resinero. Así se clasificaban los pinares de nuestra Comunidad y así lo aprendimos toda una generación de chiquillos con alguna que otra colleja materna cuando quedaban en nuestras ropas los vestigios pringosos de una batalla campal con las piñas como munición.

De la importancia económica del pino piñonero dan fe las innumerables empresas de secado y tostado del exquisito y afamado piñón cuya  elaboración se ha ganado un lugar de privilegio en la gastronomía española.

Pero hoy quiero rendir homenaje a su pariente productivo más humilde. A la lenta, meticulosa y generalmente ingrata actividad de hacer llorar, de manera controlada, al pino para logar extraer el preciado elemento igualando la tenacidad y perseverancia de las laboriosas hormigas.

La resina, otrora fuente y recurso de no pocas familias, vuelve a reivindicar un lugar que por derecho le corresponde en un momento en el que la necesidad nos hace valorar recursos naturales olvidados que podrían aliviar, al igual que en épocas pasadas, muchas pequeñas economías rurales necesitadas de nuevos horizontes. El resurgimiento de nuevas empresas resineras, donde hace décadas se cerraron por falta de actividad, dan testimonio de esta esperanzadora segunda oportunidad.

Y esto ocurre, qué ironía, cuando llevamos medio siglo viendo desaparecer los pinares resineros en favor de los piñoneros. Parece que la propia naturaleza se ha encargado de recordarnos una vez más que nuestros antepasados hicieron las cosas con sabiduría y previsión. Esos pinares que dieron trabajo y proporcionaron el necesario combustible para las glorias y chimeneas de toda una generación son los protagonistas de una nueva edición, más moderna y tecnificada, de una actividad poco conocida en su origen pero que es la base de multitud de productos cotidianos que llenan nuestros hogares.

Permitidme que, por esta vez, le otorgue el título de “oro líquido” a nuestra querida resina como pequeño homenaje a todo un símbolo generacional de una España rural que lejos de perderse en nuestra memoria resurge con fuerza para colaborar en estos momentos de desánimo económico. Y a los valientes que han aceptado el testigo profesional de hacer llorar de nuevo a nuestros queridos y olvidados pinos resineros todo mi apoyo y admiración. Ojalá la exclusividad de su esfuerzo se vea realmente recompensada.

Un saludo

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