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Publicado por Jesús Molpecere...

Una vez más sale en mi auxilio el sabio refranero español para ayudarme a transmitir un sentimiento que, sin duda, comparto con una gran mayoría de la población del mundo y sector rural: “el que espera…desespera”.

Hemos asistido, por partida doble y en apenas dos meses, a la tortura psíquica y casi física de dos campañas electorales. La primera, más decisiva en cuanto a las consecuencias derivadas de sus resultados y la segunda, menos estruendosa pero más encarnizada, en las cuales se han repartido los feudos de la corona con una saña y tesón que hacen dudar seriamente de la, a priori,  generosa intencionalidad de sus contendientes.

De cualquier forma, la moneda ya está dando vueltas por los aires. No se sabe muy bien dónde ni cómo va a caer pero, al menos, ahora ya no tenemos que desayunarnos con cantos de sirena ni ofertas cercanas a la utopía o estupidez, según se mire.

Ahora, inmersos en ese reparto salomónico de poderes… ¿he dicho poderes?, debería decir cargos, sillones y sueldos, parece que se apagan los ecos de las intenciones y promesas que con tanta generosidad nos han ofrecido, al menos hasta conseguir el preciado néctar de nuestro voto. ¿Y ahora qué?

Mucho me temo que vamos a reeditar, con la misma frecuencia que las grandes competiciones deportivas, un nuevo lapsus cuatrienal de más de lo mismo. Ahora toca repartir el botín, dentro de 4 años,  volverán los nuevos trucos de ilusionismo.

He tenido la santa paciencia, pues os aseguro que los autores clásicos parecen tebeos al lado de algunos programas electorales, de repasar las promesas de los grandes partidos nacionales y basta con editar un pequeño esquema para darse cuenta que son prácticamente idénticas. Si no fuese por la experiencia que tenemos en este tipo de lides, sería para emocionarse profundamente por el amor, el cariño, la dedicación y el sentimiento que todos los políticos han derrochado en esta campaña hacia el mundo rural.

Asistir a un concurso de transformismo donde los concursantes pugnan por demostrar su “ruralidad” frente al resto, por tener más vínculos con los municipios pequeños que los demás, por reeditar familiares (algunos ya desaparecidos) y amigos en el entorno del mundo agrario ha sido uno de los esperpentos políticos más penosos de los últimos tiempos. Los ecos de la manifestación de la “España Abandonada” ha obligado a los estrategas políticos a sacar el pantalón de pana y a simular callos en las manos.

Ya no consiste solo en besar niños por la calle, bailar con las ancianas en las verbenas o repartir flores en los mercados. Si no puedes acreditar que tu abuelo araba con mulas o que un primo tuyo tiene un cuñado pastor de ovejas… no tienes nada que hacer.

Bueno pues una vez más lo han conseguido. Ya les hemos regalado el voto, cada uno a quien ha considerado digno de ello y ahora toca exigir resultados.

Os vamos a vigilar. Os vamos a recordar todas esas promesas que con tanta soltura nos habéis hecho. No nos vais a arrinconar otros cuatro años en espera de que se diluyan en nuestra memoria vuestras ofertas y deseos.

Debemos releer durante los próximos cuatro años los programas electorales para recordar, para bien o para mal, si hemos acertado o no con nuestro pronóstico. De momento y como punto de partida, me atrevo a decir que no espero mucho.

Estamos esperando. Así comienzo y así termino. Ojalá que la espera no se convierta en desesperación. Nos jugamos mucho y, entre otras cosas, nuestro orgullo. Que no se piensen que nos van a engañar una vez más. Un saludo.

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