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Publicado por Jesús Molpecere...

 

Este verano, y espero que solo éste, tendrá en nuestro recuerdo un apartado especial que le significará por encima del resto que hayamos vivido. Cuando miremos atrás y el ser humano haya asido capaz, una vez más, de sobreponerse a sus propios errores y miserias, podremos analizar las cosas que se hicieron bien y mal.

No voy a entrar en consideraciones políticas, de las que huyo por principio aunque esta vez sí quiero manifestar un agravio, otro más, que el sector agrario de nuestro querido País padece sin que, nuevamente, a pocos parezca importarle.

No soy un gran aficionado al futbol. Lo padezco como parte indisoluble de la idiosincrasia española pero no me pliego a su adoración ni a su imposición institucional. Tampoco soy un detractor de ese deporte, simplemente lo veo como una actividad más en la que unos pocos ganan a espuertas lo que otros muchos solo ven pasar por delante de sus narices. Lo admito, a la gente le apasiona ver a unos chavales con una habilidad especial para mover con destreza tanto un balón como sus cuentas bancarias.

Pero estos días de pesadumbre por la situación sanitaria mundial me hacen pensar en lo injusto que es, a veces, el lugar en el que a cada uno le ha tocado pasar este viaje vital que nada tiene que ver con las habilidades que tengamos o hayamos adquirido.

Si tu trabajo se desarrolla en un campo de futbol, el despliegue de medios económicos y sanitarios que ponen a tu disposición podrían rayar con la obscenidad. A los jugadores de futbol se les hacen pruebas de detección del COVID19 casi a diario. Se les permite prescindir de la mascarilla durante tu trabajo y pueden abrazar a sus compañeros y dar la mano a sus contrarios sin temor a que les impongan una sanción económica, que por otro lado sería insignificante en proporción a sus estipendios.

Si tu trabajo se desarrolla en un campo de cultivo, no hay ningún despliegue sanitario detrás. La mascarilla es obligatoria, pese a las duras condiciones del medio y como te pillen saludando con la mano a alguien puedes terminar con una sanción que supere, con creces, los honorarios ganados en toda la jornada.

La diferencia de trabajar en un campo o en el otro ya no solo es económica ni social. Ahora también es sanitaria. ¿Os imagináis a los temporeros del campo, del otro campo, exigiendo PCRs a diario para acudir a su trabajo? Si no fuera por la tragedia humana y social que esto está causando, sonaría como un buen chiste.

Yo no tengo la solución a este asunto pero me importan mucho más los trabajadores del campo, del otro campo, que los privilegiados del césped. Espero que entre todos encontremos la manera de mejorar, en lo que se pueda, las durísimas condiciones de los jornaleros que, entre otras cosas, están recogiendo nuestras cosechas. La vendimia está encima y se prevé que se desarrollará coincidiendo con un nuevo ataque del dichoso virus. Es el momento de la reinvención pero también de la solidaridad. Estrujemos nuestras seseras para dar con cualquier idea que proporcione mejoras, por pequeñas que sean, para aliviar la situación de nuestros sufridos trabajadores. Será bueno para ellos, será bueno para todos. Un saludo.

 

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