Imagen de Jesús Molpeceres Picón
Publicado por Jesús Molpecere...

Cuanto más dependemos del mundo de las tecnologías más nos sometemos a una especie de lobotomía social en la que la información, queramos o no, se nos insufla en neura, que ya no en vena, para que sigamos la estela, como si fuésemos autómatas, que otros han diseñado.

Menos mal que las aguas climáticas, metafóricamente hablando, ya han vuelto a su cauce. Todo ese bombardeo mediático que padecimos en los últimos meses del desaparecido 2019 acerca de las situaciones apocalípticas medioambientales parece que se van diluyendo en favor de otras causas propagandísticas de nuevo cuño.

Ya se fue a su país, navegando o en patinete, no estoy del todo seguro el icono de simpatía inversa que hemos tenido que aguantar hasta en la sopa y se aplacaron las iras de los más beligerantes como si con ello ya se hubiesen solucionado todos los problemas que no nos dejaban dormir. Esa es una de las más probables consecuencias cuando se terminan las cumbres mundiales, sean del tema que sean. Se gastan verdaderas fortunas de dinero en preparativos, propaganda, desarrollo y fin de fiestas sin que, en la mayoría de los casos se llegue, tan siquiera, a realizar una mínima ruta de acciones posteriores.

Creo que, a estas alturas, nadie con un mínimo de coherencia es capaz, salvo por intereses económicos, de negar el cambio climático. Yo, que por desgracia soy especialista en ver las costuras siempre por el lado del hilván, me preocupa más dónde y en qué momento hemos sido capaces, como sociedad, de comprar el discurso teórico de dicho cambio mientras que la realidad que nos rodea clama, a gritos, que alguien haga algo de forma inmediata.

El campo español agoniza. El mundo rural empieza a formar parte de las hemerotecas y de los museos etnográficos y con él se degrada, casi a la misma velocidad, el entorno medioambiental que con tanto esmero se había venido cuidando generación tras generación.

¿En qué momento se ha producido este cambio enigmático en la percepción de la realidad? ¿Es que nos estamos volviendo todos ciegos?

No hace falta ver los documentales televisivos con escenas apocalípticas de la destrucción de grandes bosques y zonas forestales allende los mares.  Solo hay que darse un paseo por nuestra querida región para detectar el agónico estado en el que se encuentran grandes zonas forestales de nuestra Comunidad. Esos magníficos gigantes con pies de barro que, a falta ya de uso y cuidados terminan por declinar su gran porte, vencidos por su propio abandono sirviendo de plato gourmet para el comensal despiadado e insaciable del fuego.

La falta, en primera instancia, de material humano en los municipios rurales unida a la desidia y ausencia de ayudas gubernamentales para llevar a cabo una gestión de limpieza y mantenimiento real y sostenible, están provocando un espectáculo que debería avergonzarnos a todos, empezando por todos estos peleles que solo utilizan el medioambiente para justificar este despliegue de propaganda sin sustancia ni conclusión.

Atendamos a nuestros pinares antes de que desaparezcan y creedme que ya no queda mucho tiempo para cortar esta sangría de arboles que, emulando a uno de los dichos más representativos y nostálgicos de nuestra querida patria, haría que la famosa ardilla viajera tuviese que atravesar la piel de toro haciendo auto stop. Un saludo.

 

Añadir nuevo comentario