Miguel Delibes
Imagen de Jesús Molpeceres Picón
Publicado por Jesús Molpecere...

En un alarde de modestia decía D. Miguel Delibes que él no era un gran escritor sino un narrador de las historias que se iba encontrando por el camino. Ahora, con la perspectiva del tiempo, todos deberíamos agradecer que su camino fuese tan largo y tan fecundo. Pido licencia para hablar de uno de los escritores que supo describir más fielmente los usos y costumbres de una sociedad, la rural, de la que, casi, solo nos queda su relato para poder recordar.

Miguel Delibes supo trasladar  la realidad de las gentes del ámbito rural, que por entonces eran la mayoría, y plasmar en sus novelas  el color y el olor y el dolor, de una España que nunca volvería a ser lo mismo tras el desmantelamiento de su raíz más auténtica y profunda.

En las andanzas y tribulaciones de Daniel el mochuelo, de Germán, el tiñoso y de Roque, el moñigo, Delibes solo desgranaba el modo de vivir y de sentir de toda una generación de chiquillos deseosos de un futuro mejor o, al menos mejor que el que conocían entre caminos polvorientos, eras, mieses y ganado.

El tío Ratero, cuya subsistencia provenía directamente de la pura y cruel necesidad,  no hizo sino desvelar a gritos una realidad social que se pretendía ocultar desde la poltrona progre de las ciudades y que en Los Santos Inocentes con tanta fidelidad como crudeza se plasmó como grito de desesperación contra una sociedad donde el abismo existente entre clases era cada vez más insoportable.

Qué bien nos había venido ahora un Sr. Cayo que cogiese a nuestros dirigentes actuales por la solapa y les impregnara de las verdaderas prioridades de la gente común, a veces tan alejadas de las quimeras inventadas y artificiales con las que elaboran sus discursos.

No tendría espacio suficiente ni con mil colaboraciones para ir situando a cada uno de los interminables personajes de D. Miguel Delibes en nuestra sociedad actual como demostración, a veces inquisidora, de que entre todos hemos conseguido denostar la verdadera esencia de nuestras raíces, rurales y humildes, o al menos limitarlas y controlarlas en pequeños núcleos sin apenas servicios a modo de reservas aisladas donde confinar a los últimos valedores de lo que fue en su día una población fecunda, culta, sana y trabajadora.

En una era en la que nuestros hijos estudian una geografía limitada a su región, una historia sesgada y condicionada al antojo de otros y un sinfín de materias de nuevo cuño siempre con una irreverente falta de rigor cuando no abiertamente manipuladas, los libros de Miguel Delibes deberían formar parte de las enseñanzas estudiantiles como demostración de lo que fuimos y de lo que debemos a nuestros antepasados.

Acabo como empecé, pidiendo licencia para usar, aunque sea mínimamente, el inmenso legado que D. Miguel Delibes tuvo a bien componer para disfrute de muchos y espero que para vergüenza de otros tantos. Es una pena que en cien años no hayan nacido más personas como Miguel Delibes, con la cantidad de necios que sí lo han hecho.

Ojalá el tiempo me quite  la razón y surjan nuevas mentes preclaras que sean capaces de mantener viva la llama de nuestro mundo menos urbanita. En todas las catarsis, también en las sociales, surgen esperanzas de regeneración y deseo fervientemente que la semilla que otros depositaron en nuestros pequeños municipios sea capaz, algún día, de propiciar nuevas generaciones que mantengan el legado. Un saludo.

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