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Publicado por Jesús Molpecere...

Dado el aparente éxito logrado por mi anterior colaboración denunciando la tiranía e hipocresía del marketing y la publicidad en el caso de los ganaderos de vacuno y materializado en sus sufridas vacas, voy a continuar con la denuncia pública de otra especie en extinción que mora por nuestros campos y que, al igual que las vacas, es objeto continuo de menosprecio, ridiculización y, por qué no decirlo, de ordeño. Me refiero, por supuesto, a los autónomos agrarios.

Metidos en el mismo saco que las pymes, sufren en silencio y por igual, los varapalos fiscales, las diferencias sanitarias y asistenciales y los “ninguneos” institucionales y sociales. Esta especie, trabaja de sol a sol, cotiza de su bolsillo durante toda su vida activa, cotiza, también de su bolsillo, por los trabajadores que contrata (fijos y eventuales) y arriesga siempre su patrimonio y su estabilidad, también familiar, sin la garantía de un futuro mínimamente asegurado.

Y encima carga con el estigma social de “empresario”. Lleva sobre sus hombros el lastre de la presunción de solvencia y statu económico. Hasta la mano de obra que contrata le considera, en al más rancio y obsoleto de los conceptos, como el “patrón” o la “patrona”, que es lo mismo.

Menos mal que todo el mundo sale raudo en su ayuda. Entidades financieras, empresas proveedoras, empresas comercializadoras, incluso la propia Administración, siempre están dispuestos a echar una mano al sufrido autónomo desplegando toda una batería de medidas de ayuda. ¡Con generosos intereses, claro!

Nadie reconocerá nunca el riesgo que asume un autónomo agrario cuando programa su próxima cosecha. Nadie le preguntará si tiene capacidad económica suficiente para hacer frente a los gastos, salvo para atraparle con una financiación más o menos ventajosa. Nadie le asesorará más allá del interés comercial de quienes le quieren vender algo. Nadie  se fijará en él. Es un peregrinar en soledad, siempre mirando al cielo, con la esperanza de, al menos, no perder con el trueque económico.

Cuando el Gobierno prevé subir, una vez más, la cotización a los autónomos debería primero plantearse si no ha llegado ya el momento de dejar de exprimir a un colectivo al límite ya de sus posibilidades económicas y que sufre a su alrededor, al igual que las moscas que hostigan a las sufridas vacas,  un montón de parásitos ávidos de  seguir dándole picotazos. No tengo ninguna esperanza de que lo haga, pero no por ello voy a dejar de denunciarlo. Un saludo.

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