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Publicado por Ángel Cuaresma

Parece que llegará la normalidad, es decir, la desmemoria, a esta inmensa prisión en que han convertido a España. Una cárcel en la que los guardias no usan látigo de nueve colas sino de una sola coleta. Una fortaleza blindada a base de miedo y multas en la que, y está feo autocitarse, la curva se doblega cuando el mando único, ese que ha acabado con el Estado de las Autonomías, quiere y como quiere.

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Algo han cambiado las cosas, y no precisamente para bien, desde mi último y humilde artículo. Allá por primeros de mes, les decía que andábamos faltos de respiradores y mascarillas pero no de anestesia, vista la pasmosa (y pasmada) resignación con que los ciudadanos, siempre tan bien mandados, estábamos asumiendo las decisiones políticas, no todas basadas en criterios estrictamente científicos o sanitarios.

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El proceso de sovietización en que se ve constreñida estos días la sociedad española, como otras de nuestro entorno, por otra parte, es una de las circunstancias más dolorosas a las que probablemente la humanidad se haya enfrentado en décadas. Dolor que oprime, por encima de todos, a los afectados y sus familias, sean aquéllos víctimas mortales o enfermos, y que se extiende, con manto negro y guadaña, por toda la población.

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