“Yo me lo creo”

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“Yo me lo creo”. Con estas palabras (bueno, y con muchos datos), la consejera de Agricultura, Silvia Clemente, clausuraba el pasado viernes la jornada de presentación del proyecto “Agrohorizonte 2020”. Se trata de un ambicioso plan, en el que se trabaja desde hace tiempo pero que se elaborará en los próximos meses, que analizará los distintos sectores o subsectores de nuestra agricultura y ganadería y que establecerá los mecanismos para que esta actividad siga siendo lo que es, la clave de nuestra economía o, como dicen los expertos, de nuestro PIB.

“AgroHorizonte 2020” trata de reconocer la importancia de una actividad tan poco valorada y es mucho más que esos 8.300 millones de euros que pretende canalizar para el sector a través de la PAC y los Fondos de Desarrollo Rural, o lo que vaya quedando de ambos. Sin embargo, con ser esto importante porque, al final, sin financiación nada sería posible, no se trata sólo de repartir dinero, o de invertirlo, por utilizar un término que chirría menos, sino de creerse, volvemos al término “creer”, que cuando hablamos de sector primario, este realmente lo es, y que nuestra Comunidad es la primera en diferentes producciones de sobra conocidas por el lector habitual, por mucho que no debamos menospreciar otros sectores, como el turismo rural y cultural, la tecnología punta o la industria de la automoción, por poner tres ejemplos de los que Castilla y León también puede presumir.

Pero, volviendo al acto del viernes, éste fue uno de esos encuentros que nos reconcilian con la sociedad. Henos vivido muchos años, demasiados, de tremenda parálisis de las actividades públicas y privadas, en los que muchos, especialmente el sector público, trabajaba, sí, pero de tapadillo. Con la tímida recuperación, parece que vamos perdiendo el miedo escénico a volver a hacer cosas. Y así, nos topamos con la presentación de “AgroHorizonte 2020”, en la que no faltó nadie: políticos, expertos en las siempre complicadas cuestiones europeas, organizaciones agrarias y empresariales, bodegas, cooperativas, grandes empresas del sector…

En fin, uno de esos actos ambiciosos, en el buen sentido de la palabra, a los que nos tiene acostumbrados la Consejería de la proactiva Silvia Clemente y su equipo, que nos ofreció unos datos cuando menos alentadores: en los peores años de la crisis, es decir, entre 2007 y 2013, más de 4.000 jóvenes se han incorporado a la actividad agropecuaria, según explicó el presidente Herrera en la inauguración de la jornada. A este dato, se le podrán poner todos los peros y las pegas que se quiera, se podrá ironizar con el regreso al mundo rural cuando habían reventado otros sectores (no sería la primera vez), pero nadie nos negará que, en medio de una sociedad tan urbana, en la que parece que lo rural no está bien visto, que 4.000 jóvenes, ¡jóvenes, nada menos!, elijan, aunque no siempre haya sido de manera voluntaria, echar raíces en su pueblo, en su tierra, es síntoma de que, con toda la dureza y obstáculos que haya, que los hay, esto tiene futuro.

Sí, sí, ya sé que también ha habido abandono, y algún día echaremos mano del saldo global, pero, al menos la emigración, el abandono y las jubilaciones se han paliado.

Por eso, por encima de los datos, por encima de los 4.000 jóvenes y de los 8.300 millones,  la clave está en confiar en un sector indisolublemente ligado a Castilla y León. Yo, al igual que la consejera, también “me lo creo”.

Blog de Ángel Cuaresma

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