
Las inundaciones que estos días afectan a Castilla y León no son algo nuevo en las crónicas recientes de la Comunidad y nos remiten a imágenes ya vistas. La novedad es que agua, nieve y frío llegan en el que iba ser el invierno más seco y cálido de la historia.
Las adversidades meteorológicas casi siempre se ceban, o al menos se dejan notar más, con el medio rural y, muy especialmente, en la agricultura. Tan es así que la Junta de Castilla y León, ya en el Consejo de Gobierno del pasado jueves, declaró “excepcional” la presente campaña agrícola, aunque muchos no tengamos muy claro el alcance de tal consideración.
Pero no es de esto de lo que quería hablarles. Tampoco de la ironía o sarcasmo, es que nos lo ponen fácil, que supone esa predicción de principios de temporada: “Será el invierno más cálido y seco de la historia”, nos decían esos científicos supuestamente objetivos, independientes, a los que apelan los políticos, al menos los del pensamiento único, cuando quieren convencernos de que hace sol cuando llueve y de que llueve cuando está despejado, que es a su vez la coartada para implementar medidas que nos amarguen la existencia.
No, no es de esto de lo que quería escribirles sino de lo que están suponiendo estas riadas, llamemos a las cosas por su nombre, en la España de las autonomías. De entrada, asómbrense, en un país en el que el Gobierno central ya no tiene competencias en casi nada, las mantiene en algo que sí debería formar parte de la gestión cercana: las cuencas hidrográficas. Es verada que, en esto, como en tantas otras cosas, los ríos y sus afluentes no conocen de fronteras administrativas pero tampoco las conocen las enfermedades, los incendios y tantas otras cuestiones.
Pues bien, los desbordamientos de los ríos a su paso por nuestros pueblos y ciudades son competencia de las confederaciones, organismos de cuenca tan cuestionados y de difícil gestión entre otros motivos por la peculiaridad de sus ingenieros. Sin embargo, las competencias de agricultura, ganadería y algunas de protección civil son de los gobiernos autonómicos. Y luego ya la solución a los problemas de los ciudadanos afectados, a saber, realojos, manutención ocasional y de más, son municipales.
Las carreteras, estos días imposibles de cruzar, depende de si son nacionales, comarcales o locales; las ambulancias, regionales; bomberos y policías, también depende…
A la hora de redactar este artejo, en Castilla y León se están produciendo los primeros daños materiales y los consiguientes primeros desalojos. No hay víctimas y oajalá no se produzcan, por supuesto, pero no hace falta ser un ciencia para saber que, si el Miércoles, que es de Ceniza, aunque deje de llover suben las temperaturas, siquiera sea ligeramente, se producirá el deshielo y éste, tampoco, conoce de fronteras
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