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Publicado por Ángel Cuaresma

Era la época en la que, por diversas circunstancias, teníamos más trato. Me refiero a los ‘Candeal’ y a este humilde columnista. Te encontraras con uno, con otro, o con ambos a la vez, el saludo era, indefectiblemente, el mismo: “¿Tú eres Félix o eres Toño?”. Yo jugaba a que no les distinguía, ellos jugaban a que me engañaban y yo a que me dejaba engañar.

Así fue durante años. Hoy, para desgracia de tantas personas, de tantos familiares y amigos, y para desgracia de nuestra música, ya no hay confusión posible. Toño se queda aquí, con nosotros, supongo que con pocas ganas de componer y cantar, y Félix está ya en el Cielo, confundiendo a la Virgen con la pobre Adela, aquella jovenzuela que murió de mal de amores, que se fue también Arriba porque su Juan, porque su Juan, con su amiga Dolores se fue a casar.

En el Cielo está Félix, llamando a las chicas que son morenitas algo así como Resaladas, pidiéndoles que se levanten y que se conviertan en el Lucero de la Mañana. Allí, quién sabe, quizá se encuentre con aquel presidiario que cumplió condena por haber dejado embarazada, sin consentimiento paterno, a su novia, o  a la que no lo era, o tropiece con aquel tejo que tantos problemas causaba con el léxico.

Desde tan arriba verá lucir los barrios de Valladolid, los identificará de memoria, y no será porque no hayan cambiado. Y extenderá su visión a los hitos, que son todos, de nuestra geografía y de nuestra historia: a Fuensaldaña, a Villalar de los Comuneros, a los Toros de Guisando, a Medina del Campo.

Pasarán por la ronda los rondadores y verán que Félix ya no se asoma, ni a la puerta, ni a la ventana. Pero recordarán, como recuerda quien firma este modesto obituario, aquellas conversaciones de bordillo, aquel Félix aparentemente ingenuo, siempre bondadoso, cuya alma infantil se vio acentuada, en los últimos años, por el acelerón que había pegado la enfermedad, que creíamos vencida pero que, en realidad, estaba aletargada, esperando su oportunidad.

Estuve, como, seguro, muchos lectores, en aquel homenaje que el Ayuntamiento y, por ende, la ciudad de Valladolid y Castilla y León, rindieron a ‘Candeal’ hace un par de años. Era un homenaje al dúo pero todos sabíamos que, a quien rendíamos tributo, era a Félix, siempre en situación más delicada.

No se me habían olvidado los conciertos con los que, durante tantos años, cerraron la Feria y Fiestas de Valladolid (cuando había Feria y Fiestas) pero no dejó de asombrarme cómo personas de toda edad (y, supongo, condición) tarareaban o seguían a voz e grito, sin nigún pudor las mejores muestras de nuestro folk.

Descansa en paz, Félix, y, si tienes un rato, ve preparando un recital para cuando nos toque.

 

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