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Publicado por Ángel Cuaresma

Dentro de pocas semanas, menos de lo que a fecha de hoy pueda parecer, las cosechadoras (y las personas, claro) comenzarán su trabajo y,  si  el tiempo, el meteorológico, no lo impide, un año más la agricultura vendrá a enderezar un PIB que, en los últimos años, no es ni de lejos el que a todos nos gustaría. De inmediato, se alzarán las voces que intenten restar importancia al campo y puede que tengan razón quienes arguyan que la economía de toda una Comunidad no puede depender de un negocio que, a su vez, está pendiente del cielo y no se guarece en una nave de un polígono.

Sin embargo, con ser eso cierto, por qué ese empeño en que la nuestra no sea una región agrícola. Es verdad que podemos ser líderes, los sucesivos informes PISA lo avalan, en educación; es verdad que nuestra I+D+i ya no se circunscribe a un solo parque tecnológico, sino a varios en nuestra geografía; es verdad que nuestros jóvenes, aunque no puedan colocarse en su tierra y tampoco en las demás, al menos salen de ella más preparados que los de cualquier otra; pero, siendo todo ello verdad, por qué renunciar a un aval de siglos, a un sector  que, obligada o voluntariamente, se ha adaptado a los tiempos.

Nadie duda de que somos una potencia cerealista. Atrás quedaron los años en los que Valladolid rivalizaba con Cádiz por liderar la producción remolachera de España; la pertinaz sequía se encargó, lamentablemente para nuestros paisanos del sur, de arrancar de raíz (con perdón) las aspiraciones de un cultivo rentable; encabezamos la producción de ovino a años luz del resto, somos la segunda productora de leche de vaca…

Es más, cuando se habla de que el turismo supone el diez por ciento del PIB regional, tampoco debe olvidarse que ese inconmensurable patrimonio histórico-artístico que atesora Castilla y León está indisolublemente unido al medio rural, cuyo tejido se sostiene, también, por actividades alternativas vinculadas al sector terciario pero que, con ser importantes, son eso, alternativas.

Tenemos que comer. Podremos consumir a pie de campo o productos naturales; podremos acudir directamente a la huerta o al expositor de congelados, serán productos saludables o comida rápida, que tampoco tiene que ser necesariamente mala. Pero, sea cual sea nuestra elección, o nuestra posibilidad, del campo ha salido.

Por eso me molesta, y creo que nos molesta a todos los que amamos al campo, que a veces oigamos que sí, que Castilla y León es una región agrícola y ganadera pero que no es sólo eso. Ya, no es sólo eso,  pero esa parte, ni es mala, ni tenemos que esconderla.

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