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Publicado por Ángel Cuaresma

Han pasado ya unos meses desde el aldabonazo infligido a la factoría de Lauki en Valladolid (qué pena da pasear por las instalaciones de la avenida de Santander) y, como sucede con tantos otros asuntos, parece que ya nadie se acuerda de lo que sucedió y todo transcurre con absoluta normalidad, es decir, la empresa sigue operando en otras provincias y los consumidores, me da la sensación, siguen comprando esta leche y otros productos de la multinacional francesa. Es lo que se conoce como la paz de los cementerios.

Pero algunos, además de memoria, tenemos curiosidad y nos fijamos en lo que hay en los lineales de tiendas, supermercados e hipermercados y el etiquetado te refresca las capacidades de análisis, caso de que uno las tenga. Me explico: podemos entender que se mantenga la producción en Granada, por aquello de ser la sede circunstancial ( como todo en esta Compañía) del grupo Lactalis Puleva; podemos entender que sigan abiertas las instalaciones en Lugo, aprovechando así el bajo precio que, de manera muy especial, se paga a los ganaderos gallegos, debido al pequeño tamaño y escasa rentabilidad de sus explotaciones.

Sin embargo, y sin querer que se cierre ni una sola factoría más, llama poderosamente la atención, viendo el etiquetado registrado en Lérida, cómo el Grupo Puleva, tan gallito, tan valiente  tan independiente del poder a la hora de cerrar Valladolid, mantiene abierta la planta leridana, en Mollerusa para ser exactos. Insisto, no pretendo, ni por asomo, que se planteen cerrar en aquellas tierras del Viejo Reino de Aragón, pero no deja de sorprender que con Cataluña no se atrevan, y no será porque aquella sea una región donde el ambiente propicie la buena marcha de las empresas y sus trabajadores.

Parecen no darse cuenta, tantas cuentas como echan, de las diferencias con Castilla y León, una Comunidad en la que el clima político y social es, de lejos, más estable, y más libre que en esa Cataluña sometida a los vaivenes de quienes todo, todo, lo tienen que controlar. Igual es que a la multinacional, en el fondo, lo que le pone no es el liberalismo.

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