Granjas de pollos en Valladolid. Foto: Agronews Castilla y León
Imagen de Ángel Cuaresma
Publicado por Ángel Cuaresma

Una de las noticias más significativas para el campo español en este verano que se resiste a concluir ha sido la restricción impuesta por la vetusta Rusia a los productos agrícolas después de que la comunidad internacional, a su vez, decidiera sancionar al siempre imperialista vecino del este por su agresión a Ucrania. Aunque no parece que los agricultores y ganaderos de Castilla y León sean los más afectados por la medida del escasamente demócrata camarada Vladimiro, no debemos menospreciar los efectos que, para nuestra tierra, tienen unas medidas, las sanciones occidentales que, no por dolorosas, debemos dejar de aplicar.

Pese al título de este humilde artículo, no pienso, ni de lejos, que debamos menospreciar un mercado, emergente, que, aun con las dificultades que siguen acuciando a sus habitantes puede ser un buen destino para colocar nuestras frutas, verduras, hortalizas, lácteos y carnes. Sin embargo, pese a lo goloso que pueda presentársenos el nuevo destino de nuestros productos, debemos entender que nuestros socios, y “nosotros mismos”, hayan adoptado unas medidas que, si bien no servirán para parar los pies al gigante euroasiático, al menos permitirán dejar constancia de que el mundo libre, que tanto tolera, no va a consentir una marcha atrás en la senda emprendida hace ya casi 25 años con la caída del Muro.

Sí, sí, ya sé que a Putin, como la mayoría de los dictadores que han sido y siguen siendo en el mundo, le importan un pimiento, y nunca mejor dicho, las sanciones pero igual algo las tiene en cuenta cuando él, a su vez, ha bloqueado las importaciones de productos tan esenciales para ese pueblo al que, una vez más como todos los dictadores, dice defender pero al que envía a invadir Ucrania en una especie de macabra operación añoranza, añoranza, claro está, de décadas de imperialismo que se saldaron con millones de muertos.

Sé, también, que es un sacrificio que nadie ha pedido a nuestros agricultores y  a nuestros empresarios; soy consciente de que no se les ha dado la oportunidad de elegir, pero espero que, aunque el dinero no entiende de colores, ni de ideologías, unos y otros sepan entender que, ya que no actuamos con eficacia en otros rincones del mundo, al menos lo hagamos en una tierra tan cercana a esta Europa de los mercados que, sin ser la ideal, al menos no es tan mala como la de antes de 1989.

La pregunta, ahora, es si Putin, su Gobierno, será capaz de alimentar a una población sin los recursos procedentes de la Unión Europea y otros países o volverá a los tiempos, nunca olvidados del todo, en los que no se hablaba de racionamiento porque, sencillamente, nada había que racionar. Ya saben que en la otra Rusia, aquella URSS aún anhelada por una parte de la moderna, es un decir, izquierda europea, no ataban los perros con longaniza no porque no hubiera longaniza, es que ni siquiera quedaban perros. Y los gatos, porque eran más ágiles.

Añadir nuevo comentario