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Publicado por Ángel Cuaresma

Plantear un cambio en la gestión de determinadas políticas, en este caso la PAC, que llevan funcionando desde los años sesenta, debería causar la lógica preocupación de los afectados, que somos todos, pero no hacer de ello un drama. Y digo no hacer de ello un drama porque, por muy bien que los mecanismos hayan funcionado en estas décadas, en el caso de España desde poco después de su incorporación al Mercado Común, las formas de gestión, y no sólo las ayudas, han de adaptarse a tantos y tantos cambios.

Ello se puso de manifiesto, esta semana, en una jornada sobre la nueva PAC que se nos viene encima en la que, y esto ya es noticia, se escucharon, con mesura, eso sí, opiniones discrepantes sobre cuáles deben ser las líneas estratégicas que definan el nuevo modelo.

De entrada, llama la atención, al menos a este humilde columnista, la fruición con la que los políticos de la zona, es decir, los regionales y nacionales, insisten en la necesidad de que la política agrícola siga siendo común. Con esta apuesta, no dudan de que sea para todos los países miembro; no, lo que quieren decir es que el dinero, entiéndase las ayudas, sigan siendo aportadas exclusivamente por las instituciones comunitarias y, por tanto, no sean cofinanciadas por los países y las regiones integrantes de la UE.

El argumento es que esta posibilidad generaría desigualdades en función de la riqueza de cada país, olvidándose, consciente o inconscientemente, de que son esos mismos estados, en función de su panorama económico, los que financian, es decir, que las ayudas no hacen sino recorrer un camino de ida y vuelta.

Otra cuestión que preocupa es que una acusada parte de las subvenciones esté vinculada a la protección, supuesta o real, del medio ambiente; es decir que, una vez más, se corre el riesgo de que alguien intente coartar al agricultor y al ganadero, como si su actividad no fuera en beneficio de toda la sociedad, ecologistas, animales y medio ambiente incluidos.

Así las cosas, lo que parece inevitable es el cambio de enfoque, no tanto una drástica reducción de las ayudas. Un nuevo enfoque encaminado a impulsar los nuevos modos industriales, la modernización del sector y el afianzamiento de un medio rural que, para bien o para mal, deberá aprender a vivir no sólo de la actividad agropecuaria

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