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Publicado por Ángel Cuaresma

No son pocas las ocasiones en que nos hemos referido en este blog a las excelencias de los productos de Castilla y  León y al prestigio del que, tanto la industria agroalimentaria como la artesanía, gozan de manera merecida. Esta calidad es especialmente reconocida en un sector, el del vino, que siempre ocupa un lugar destacado en este y en muchos medios de comunicación, con especial incidencia, lógicamente, en los especializados.

Pero, por mucho que seamos de aquí, de Castilla y León, y queramos y defendamos lo nuestro, flaco favor haríamos a quienes han acertado si no reconociéramos que no siempre se da con la fórmula y no en todo somos los mejores.

Y en estos días en los que nos encontramos, bueno será que hagamos examen de conciencia y reconozcamos humildemente que, en eso que se ha dado en llamar espumosos, no estamos al nivel de otras regiones que cuentan con sus denominaciones específicas, son sus variedades de uva y su tradicional forma de elaboración.

Y no es sólo un problema de terminología. Sabido es que, en esto, la legislación vigente es muy rigurosa y no se puede utilizar, ni la terminología franco-española champán, champaña o champagne, ni la también española cava, por mucho que, en Castilla y León como en alguna otra región, exista algún que otro pago con tal posibilidad.

Pero, como digo, es que no estamos ante un asunto semántico; es que, lo que producimos aquí,  es otra cosa, ni cava, ni champán, y nuestras burbujitas, o nuestras burbujazas a tenor de su reciedumbre, arrojan en el gaznate del arriesgado bebedor un producto muy diferente. Alguien me decía estas fechas de Navidad: “Puf, es que canta mucho el verdejo”. Y, claro, el verdejo es para otro caldo.

Los avezados productores de vino espumoso (valiente nombre encontramos en su día) argüirán que tienen, dicen ellos, todo vendido pero a nadie se le escapa que tal éxito no es fruto de su calidad sino del boicot con el que, por circunstancias políticas, se ha venido castigando al cava catalán, poco culpable, por otra parte, de las ansias nacionalistas del pensamiento único.

Pues, qué quieren que les diga, que poco podemos alabar de un negocio cuyo pírrico éxito se debe al bloqueo que se realiza a la competencia que, por otra parte, va sobreviviendo con dignidad ante estos avatares.

En fin, que nuestras burbujitas no sé si se han desinflado o, directamente, nos revientan en la cara. Mientras, yo les felicito la Navidad, el Año Nuevo y los Reyes con estas burbujas digitales, ni siquiera con tinta.

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