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Publicado por Ángel Cuaresma

Tras año y medio de pandemia oficial y varios meses más de la real, hemos aprendido mucho. Entre otras cosas, sabemos que los efectos han sido devastadores en el número de vidas segadas, en personas enfermas y con secuelas, en la economía destrozada en muchos países, en unos más que en otros. Pero hay otros efectos que no es la primera vez que analizamos y, entre ellos, el más importante quizás haya sido la agudización del control de las opiniones que, en realidad, no es sino el control de lo que pensamos. Esa suerte de división entre ciudadanos buenos, obedientes, y los díscolos que piden, al menos, debatir

Una de las cuestiones sobre las que más insisten los políticos y sus profesiones cómplices (adivinen ustedes en cuáles estoy pensando) es la vacuna. De entrada, les diré que servidor está a favor de su aplicación y, por ello, acudiré a vacunarme cuando mis médicos los consideren y mis obligaciones, siempre subsidiarias, me lo permitan. Pero, por favor, no insistan, no se pongan pesados, dediquen su tiempo a otras cosas. Ya es triste tener que hacer esta precisión de entrada para evitar ser crucificado, pero es lo que hay.

Sin embargo, el hecho de estar a favor de la vacuna y su aplicación, y el hecho de reconocer el por otra parte arriesgado tiempo récord en su consecución (benditas farmacéuticas), no debe hurtarnos el debate sobre su conveniencia, sus efectos secundarios y su verdadera eficacia.

Digo esto porque, en medio de halagos, tambores y trompetas, ángeles y serafines mediáticos, sobre lo bien que ha funcionado todo, por qué no dedicar, siquiera sea un ratito, a analizar los contras, más que nada porque los hay y, sobre todo, para evitar repetir los errores que en tan apurado proceso se hayan producido.

Pues no, lo cómodo es remar en la dirección correcta, quedar bien con quien manda, y se supone seguirá mandando, y anular toda opción de análisis. Antes bien, éste, el análisis, se sustrae al ciudadano con el cómodo argumento de que quien ose levantar la voz es… negacionista.

Yo, en este año y medio, no he conseguido saber qué es eso de negacionista, independientemente de que sea un término acuñado de manera artificial y con un marcado carácter ofensivo, vamos, como eso de facha y tal. El problema es que parece que también habría negacionistas de izquierda, muy, muy de izquierdas. Allá por la primavera de 2020, negacionistas serían quienes no consideraban real la pandemia pese a que ya por entonces sus víctimas se contaban por miles. Después, los negacionistas eran los votantes de Trump, supongo que todos, a los que curiosamente se les negaría después el recuento de votos. Después, los negacionistas eran los que no querían vacunarse, por la razón que fuera. Hoy, negacionista es todo aquel que no vote a las dos formaciones políticas aun mayoritarias, especialmente a una de ellas. También se llamaba negacionistas a quienes cuestionaban las mascarillas, es decir, Fernando Simón y todo el Gobierno al inicio de la pandemia, o las restricciones en aforos, o las consultas telefónicas… Todos eran, éramos, negacionistas, lo que, por otra parte, convertía a los supuestos negacionistas no en bichos raros sino, curiosamente, en una amplísima mayoría..

Pero volvamos a las vacunas y el debate sustraído. Dando como cierto que la pócima sea justa y necesaria, por qué no hablar de ello, por qué no informar de que, oficialmente, imagínense la cifra real, ha habido 300 muertes directas, sólo en España. Como con cualquier otro medicamento, sí, pero digámoslo. Que es verdad que son un ínfimo porcentaje sobre el total de dosis administradas, también es cierto, pero son 300 familias destrozadas.

Cierto es, también, que la vacunación habría coincidido con un importantísimo retroceso de la enfermedad. Sí, pero quién sabe si no estaremos no sólo ante un efecto vacuna sino ante un retroceso espontáneo o natural de un bicho que ya no tiene chicha a la que atacar porque ya ha acabado con los más débiles.

¿Vacunarse? Sí. ¿Obligados? Pues, mientras el producto no sea perfecto, y que no lo sea es lógico; mientras haya efectos secundarios no banales, nada de obligaciones.  Ah, y una cosa más, cuando en esta quinta ola nos dicen que, de las personas ingresadas por covid, un número X correspondía a no vacunados, supongo que eso significa que otro número X es de vacunados, ¿no? Pero, en esto, tampoco reparan los cómplices.

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