
El ataque de Israel y Estados Unidos al régimen teocrático de Irán abre una tímida esperanza para millones de personas y, pese a las graves tensiones iniciales, puede contribuir a diluir la más seria amenaza que tienen hoy las democracias occidentales.
No será fácil, sin duda, y habrá, de hecho las ha habido ya, víctimas civiles, inocentes, como en toda guerra pero la decisión adoptada por las dos potencias que hoy lideran, con todos sus errores, el mundo libre puede llevar, mucho antes de lo que pensamos, a la salida de los ayatolás y la instauración, ojalá, de un régimen parlamentario similar al logrado, hace no demasiados años, en el vecino Iraq.
Allí, tampoco fue sencillo. Hubo de librase una guerra, en la que Estados Unidos apenas contó con la ayuda de Gran Bretaña y España, y ésta sin participar en acciones militares. Hoy, por supuesto, ya ni siquiera España defiende la democracia en la zona. Se produjeron, no lo olvidemos, sangrientos atentados, como los sufrimos en Madrid y cambiaron el resultado electoral.
Pero hoy, miles de víctimas después, Iraq, también con sus defectos y limitaciones, goza de una democracia parlamentaria gracias a que, como en 1945, los americanos pusieron los muertos. Si, a cambio, recogen beneficios en forma de oro negro, nada que objetar. Siempre es mejor que el petróleo estén manos de compañías privadas que de quienes ahorcan homosexuales, lapidan mujeres adúlteras y torturan a disidentes y opositores.
Esto, claro está, no va con buena parte de la izquierda española y europea. La mañana de autos, el sábado, las televisiones del régimen, que son todas, repetían en siniestro bucle declaraciones vacías, de manual, válidas para cualquier momento estelar. La izquierda está hecha trozos, que no es lo mismo que trizas, y ello justifica que aparezcan seis o siete líderes, en realidad de la misma coalición, repitiendo el mantra del Derecho Internacional, como si en Irán existiera siquiera uno solo de los derechos universales, empezando por el de la vida.
Y mientras, la Unión Europea, a lo suyo, a firmar acuerdos. Con Mercosur, con la India, con todo lo que huela a intervencionismo, que visten de libre comercio. Como si el libre mercado, que por eso es libre, precisara de acuerdos. La misma semana del ataque a Iraq, entró en vigor la “aplicación provisional”, dijeron, de Mercosur. Un balón de oxígeno, sin duda, para quienes, en una región remota del sur de Europa, se presentan a unas elecciones autonómicas y consideran nefasto el acuerdo. ¡Qué linces, estos europeos!
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