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Publicado por Ángel Cuaresma

Si hace unos días me refería a las reivindicaciones sobre el etiquetado de la miel, hoy escribo sobre otras grafías que, por la dimensión del producto, seguro que han despertado más interés. Me refiero al Real Decreto que entró en vigor el pasado 22 de enero relativo al etiquetado de los productos lácteos.

La norma, como es obvio, no pretende, en realidad, que se nos informe de las características del producto, sus propiedades, fechas de recogida, envasado y/o caducidad. Esto, sin duda, es muy importante, quizá lo más, pero la directiva responde, casi en exclusiva, a la tradicional reivindicación del sector productor para que se identifique el país de origen de la leche.

No es la primera vez que me he pronunciado en este espacio, aunque no sea la opinión generalizada en el sector, de que no debemos centrarnos tanto en el origen del producto; antes bien, la calidad no está reñida con el origen y hasta la leche procedente de otros países, aunque no sea políticamente correcto decirlo, genera, de uno u otro modo, riqueza en la llamada cadena alimentaria.

Pero el etiquetado, ese ya clásico “Origen España 100 por 100”, no debe asustarnos, como no sólo no debe provocar rechazo, sino que debemos exigir que el envase aporte la mayor cantidad de información posible, aun conscientes de las limitaciones de espacio y la siempre amenazante presbicia del consumidor.

Y ello nos lleva a un asunto que podemos relacionar directamente con el anterior: las tan denostadas grandes superficies llevan una gran delantera a los pequeños en el etiquetado de los productos de origen agrícola y ganadero. Casi cualquier producto que uno adquiera en una de estas grandes o medianas tiendas aporta una precisa información sobre la trazabilidad del mismo, sea éste carne, fruta, verdura, hortaliza o pescado, en la que se incluyen, por ejemplo, lugar de nacimiento (si hablamos de ganado), engorde, sacrificio, despiece y envasado, algo impensable en el pequeño comercio y no digamos en lo considerado artesano.

No se trata, ni en esto ni en ningún otro ámbito, de exagerar el cuerpo normativo pero no estaría de más unificar legislación y, al menos lo básico, que aparezca en el etiquetado. Insisto, que sea de donde sea, que ya elegirá el consumidor conforme a sus gustos o posibilidades pero, al menos, que lo haga con criterio.

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