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Publicado por Ángel Cuaresma

No me negarán que, con Sánchez, se aprende, y mucho, de economía. Ni siquiera necesitamos dos tardes, como Zapatero. Con poco más de una hora, soporífera, pero una hora, absorbemos unos conceptos básicos que nos servirán en el futuro y en el de nuestros hijos. Veamos.

En primer lugar, hemos aprendido que, la mejor manera de controlar la inflación es subir los impuestos, en concreto, aunque no sólo, a las empresas que nos facilitan algunos productos que consumimos, a saber, las eléctricas. Algo corriente, claro está. Es decir, para contener la subida de precios vamos a gravar a la compañía que suministra el producto para que, de esta manera, sea vea obligada, aunque obligar, lo que se dice obligar, técnicamente no es.

En segundo lugar, hemos conocido que se va a gravar ( qué cansino, qué gravedad, ni Newton era tan pesado) con nuevos impuestos (nuevos, que ya pagan otros) a la banca. Es decir, que, a partir de la entrada en vigor de la medida, o no nos dan crédito, menos del que tiene Sánchez, o nos lo darán más caro, en un momento en el que los analistas hablan con insistencia de subidas de tipos de interés. Toma contención de la inflación.

Y así, corriendo, con la calor que hace, por la senda del bien quedar, llegamos a la subvención de determinados abonos de transporte, que, de manera discriminatoria, benefician mucho más a unos lugares que a otros pero que, justo será reconocer al presidente, igualan en una cosa: los vamos a pagar todos. Me explico, aunque supongo que no hace falta: hasta ahora, los abonos, bonos y billetes ordinarios, los pagaban quienes utilizaban el servicio. A partir de este momento, tachán, tachán, los vamos a pagar todos: quienes viajan en su coche, que ya pagan impuestos de todo tipo; los jubilados, que apenas salen de casa; los bebés, que viajan en su sillita; los enfermos, ingresados en los hospitales… Inflación en estado puro.

No entraré, tiempo habrá, en la legitimidad de los beneficios de lo que el presidente en el Congreso llamó grandes corporaciones, eso es para clase de Empresa; tampoco en la abrumadora presencia de pequeños, muy pequeños, minoritarios y simbólicos, pero muy importantes, pequeños accionistas, cuyos ahorros son fruto de años y años matándose a trabajar.

Tampoco entraré en el desprecio con el que Sánchez aludió a estas compañías en su intervención en sede parlamentaria. Pero sí acabaré como empezaba. Reconociendo a nuestro amado líder su capacidad para permitirnos identificar, de un vistazo, términos propios de la jerga económica, y no sólo la inflación: recesión, estanflación, desconfianza empresarial… Algo que, en el ámbito de la neumología, llamaríamos hiperinsuflación y que, en este caso, no es una enfermedad torácica.

Yo, prefiero quedarme con la suma de inflación más impuestos, es decir, los “inflampuestos”

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