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Publicado por Ángel Cuaresma

Se queja el sector, cargado de razones, de los muchos problemas que sus profesionales tienen que afrontar. Agricultores y ganaderos lamentan, con razón, los daños causados por la sequía, las pérdidas, o menores ganancias, por caídas de precios, problemas de cupos, aumentos de costes y sus derivadas. Los habitantes del medio rural, no lo negaremos, viven en condiciones muy distintas a los de las ciudades y el acceso a los servicios públicos es diferente. La despoblación es, quizá, la causa principal de nuestros males.

Pero, al tiempo que el sector, sus profesionales y los habitantes de los pueblos padecen estos contratiempos innegables, hay empresas cuyos gestores y trabajadores las han convertido en un ejemplo no sólo para el medio en que se desenvuelven sino para el conjunto de la economía.

La pasada semana hemos conocido datos de dos de ellas, conceptuadas como cooperativas, pero cuyo funcionamiento, afortunadamente, no dista mucho del de una empresa, aunque no de las comúnmente clasificadas en el apartado de las sociedades anónimas.

Me refiero a Acor y la Caja Rural de Zamora. La primera abría la campaña remolachera con unas expectativas que su nuevo y flamante presidente, Justino Medrano, calificaba de “históricas”. No entraré en el detalle de los calificativos pues quiero centrarme en los datos: la cooperativa prevé, en una prolongada campaña de cinco meses, molturar en Olmedo del orden de un millón y medio de toneladas, lo que ya da una idea del volumen con el que se va a trabajar este año.

Pero los remolacheros saben muy bien que más importante es la calidad y el rendimiento por hectárea y en eso, este año, nuestros cultivadores también podrán presumir pues la primera llegará a una media de 16,7 grados de riqueza polarimétrica y el segundo se situara en las 110 toneladas por hectárea. Si, a ello, añadimos un descuento del 9,7 por ciento y que las hectáreas contratadas por Acor suben hasta las 14.120, 3.800 más que en la temporada anterior, no diré que iniciamos una campaña redonda, pues nunca gustan los excesos cuando se trata de hablar en positivo, pero, desde luego, podemos colocarnos en un moderado optimismo.

Tiempo habrá para debatir sobre la posibilidad de entregar el producto en fábricas más cercanas al cultivador pues nuestra Comunidad es muy, muy grande, pero tampoco estará de más recordar que, hoy, la estampa en nuestras carreteras ya no es la de los tractores remolcando galeras en la niebla, sino la de una moderna flota de camiones rumbo a Olmedo.

Por lo que se refiere a la Caja Rural de Zamora, el pasado viernes entregaba los tradicionales premios que concede su Fundación Científica. Soy un habitual de este acto, un clásico ineludible en el calendario social de Zamora y provincias limítrofes, y creo que este año congregó aún a más asistentee que en ediciones precedentes.

Y hubo también, cómo no, tiempo para las cifras y para las quejas, Entre éstas, la despoblación y las peticiones de su director general, Cipriano García, de medidas fiscales que incentiven la presencia de personas y empresas en los pueblos. La entidad está presente en ellos y es la principal impulsora del proyecto Zamora10.

En cuanto a las cifras, el volumen de negocio de la cooperativa de crédito alcanzó en 2018 los 3.361 millones de euros, un 7,5 por ciento más que el año anterior, y generó 600 millones en crédito nuevo, un 13,5 por ciento más, concentrando el 65 por ciento del crédito hipotecario de la provincia. Sí, sí, ya sé que esto es calderilla comparado con las cifras de la gran banca pero es que ésta cierra oficinas y hasta cajeros y las rurales están, más o menos, a pie de campo.

Son sólo dos ejemplos. Espero que haya ocasión de seguir hablando de empresas, cooperativas o de la figura que sea que abren y se quedan en nuestro campo.

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