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Publicado por Ángel Cuaresma

Antes de que las mentes bienpensantes que, curiosamente, ya no están en la derecha, se llamen a andanas, intentaré explicar la diferencia entre lo que significa la frase que titula en función de que se escriba con coma o con guion.

Es muy fácil. Si lo ponemos sin la coma, es decir, simplemente con el guion que da nobleza al apellido, la frase sería “La tiene Grande-Marlaska” y querría decir que tiene algo en su poder, por ejemplo, la razón, que, en su caso, sería la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón. Así, podría tener humildad o soberbia, dignidad o indignidad, argumentos u órdenes…

Si, por el contario, lo escribimos con una coma separadora, es decir, “La tiene Grande, Marlaska”, querríamos decir que el vigilante ministro tiene algo grande, no sé, la vergüenza o la desvergüenza, la cartera en la que guarda u oculta sus papeles, la nómina que pagamos los ayer ciudadanos y hoy súbditos…

A mí siempre me había caído muy bien. Por varias razones, entre ellas, su papel como juez en la lucha contra la ETA, de la que ahora son socios sus compañeros de banco azul, aunque tiene narices que te tenga que caer bien un juez por hacer su trabajo. Y no menor era mi simpatía ante los insultos y desprecios con que la izquierda tantas veces se ha referido a respetables cuestiones que sólo atañen a su inviolable vida privada.

Pero, como diría María Jiménez, se acabó. Lo que, estos días, ha demostrado tener grande, muy grande, es la multa. Me explico: no gustan, por supuesto, las destituciones y posteriores dimisiones de mandos de la Guardia Civil, nunca han gustado que ésta, como el resto de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, se pongan al servicio de los respectivos gobiernos y no de los ciudadanos, pero, lo que menos gusta, sin duda, es que se utilice a tales efectivos para recaudar y, por ende, amedrentar a la población, que bastante tiene con todo lo que está pasando.

Y esa ha sido una de las claves de esta pandemia, el acusado (nunca mejor dicho lo de acusado) protagonismo del ministro, mucho más eficaz en los objetivos de control político, que el titular de Sanidad, conocido popularmente como Salvador Mascarilla.

Porque, no en manos de Illa, sino de “La tiene Grande, Marlaska”, ha estado y está el aparato represor montado por el Gobierno con la excusa de la crisis sanitaria. Y, ahí, obligada o no, la Guardia Civil ha desempeñado un papel esencial, con la estrecha complicidad de policías municipales, regionales y demás.

No negaremos, justo es reconocerla, la labor desempeñada por el benemérito cuerpo en el envío de medicinas, comida y otros productos de primera necesidad a las personas mayores en el medio rural, como no olvidaremos los servicios prestados a España en la lucha contra el terrorismo, los rescates en la montaña, la seguridad ciudadana…

Pero, mientras unos efectivos se juegan el pellejo en estas tareas, no pocos han sido convertidos por el Gobierno en una suerte de salteadores del camino (sensu stricto, una vez más que nadie se llame a andanas)), para más inri enmascarados, destinados a acosar y multar a lo que el Gobierno, de manera rimbombante, llama las clases más vulnerables. Y tanto vulnerables: trabajadores que intentaban llegar a su fábrica, ancianos despistados ansiosos por ver a sus nietos, familias que procuraban reunirse en el ámbito estrictamente privado, personas no precisamente millonarias han sido abroncadas y, que es de lo que se trata, multadas con cantidades crueles y exorbitantes que sólo pretenden compensar las menguadas arcas de la Administración y la excitación sádica de quienes nos gobiernan.

Ah, y sin salirnos de la Guardia Civil, luego están aquellos a los que han destinado, no a proteger la mansión del vicepresidente y la ministra (suena a culebrón cutre), que eso entraría en lo razonable, sino a evitar que, en sus inmediaciones, ondeen banderas de España. Parece que, en esta hora, lo único que pueden ondear son coletas lavadas con champú de lujo.

En fin que, con este humilde artículo, los rastreadores a las órdenes de “La tiene Grande, Marlaska” se van a pegar un festín mayor que el que el coronavirus se dio el 8-M. Pues buen provecho.

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