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Publicado por Ángel Cuaresma

Un mundial comprado a base de sobornos, una teocracia islamista, un presidente de la Federación amigo de Sánchez y un seleccionador a la medida del independentismo catalán. ¿Qué puede salir mal?

Anda la España arrodillada, que, penalti arriba, penalti abajo, es la que defiende a la selección así porque sí, más arrodillada que nunca. Es más, pienso que está ensayando ya una especie de arigató ante un posible éxito este jueves. Anda arrodillada pero eufórica después de ganar con no se qué solvencia a una sparring que de rica poco tiene más que el apellido; y anda eufórica tras conseguir un pírrico empate, eso sí, ante aquellos de los que dicen que siempre ganan y que de eso va el fútbol y para ellos se inventaron los mundiales.

Sin embargo, arrodillados o no, al final, lo que cuenta es, son, los resultados. Como en cualquier empresa, como en todos los órdenes de la vida y, si la adolescente selección consigue, que es probable, pasar de esta primera fase de entrenamiento, ya se podrá vender como un éxito y pelillos a la mar.

Nadie pondrá un pero: ni a la elección política de los jugadores, ni a los desplantes del cabecilla, ni a las sandeces virtuales de la vedette. Nadie se preguntará por qué nuestros colegas de la Prensa deportiva consienten al emir del Tibidabo lo que jamás tolerarían en una comparecencia a un político a un empresario; ningún padre alertará del cólico o del colesterol de su hijo por comer seis huevos diarios; eso sí, de granja, que los hay, parece ser, que crecen en las farolas de la Diagonal de Barcelona; nadie se preguntará si los látigos con los que flagelan o las sogas con las que ahorcan en Qatar se fabrican en una textil a orillas del Llobregat o en una jaima del desierto.

Todo dependerá de que el balón caiga un milímetro allá o acá, de que un señor en una pantalla de televisión simpatice o no contigo, de una mala tarde la tiene cualquiera o a ver qué patrocinio consigo. 

La España arrodillada, particular y quizás equivocada descripción de la España futbolera, pido disculpas por la exageración, lleva años gritando, que es lo suyo. Gritando contra la supuesta relación del fútbol y la política; gritando contra los empresarios que dentro y fuera del fútbol crean riqueza; gritando contra los grandes, contra los que, dicen, tienen el poder.

Pues esta es una ocasión de oro para gritar: contra los que han sido elegidos, no por lo que son sino por lo que no son, aunque ellos no tienen la culpa; de gritar contra quienes, Youtube en mano, son fuertes con los débiles y débiles con el fuerte; de gritar contra quienes se han hecho ricos vulnerando las más elementales normas del libre mercado.

Hoy, me vienen a la memoria los infaustos tiempos de otro nacionalista de libro, Javier Clemente, cuyo carácter, formación intelectual y trato con los colegas era tan, tan parecido a nuestro amado emir. La selección de Irán fue siempre lo que mejor cuadró con su perfil. Lo de hoy, reconozco y asumo la hipérbole, ya no sabemos si es sedición o, simplemente, desórdenes públicos.

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