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Publicado por Ángel Cuaresma

No les voy a escribir algo muy distinto de lo de otros años por estas fechas pero, hombre, algo sí ha cambiado, y algo fundamental: ha llovido, y mucho. Pero, claro, aunque quienes no son del campo no acaben de creérselo, tiene que llover aún más y, sobre todo, ha de hacerlo cuando se necesite, donde se necesite y en la cantidad que se necesite. Vamos, una receta a la carta.

Recordemos: ha llovido, sí, esta primavera y, en algunas semanas de marzo y abril puede hasta que haya llegado a agobiar. Pero, como nos recuerda machaconamente el refranero, no es que nunca llueva a gusto de todos, es que necesitamos la lluvia como agua de mayo, y en esas estamos, en este mes de las flores y de María, precisamos de esa lluvia que consolide lo avanzado en las fechas precedentes.

Después, ¿qué necesitamos? Pues, claro está, calor, pero no ese calor asfixiante, desproporcionado y fuera de hora de los últimos días de abril. No. Precisamos de un calor moderado, de sol suavecito que haga germinar el grano sin agostar las espigas.

Me encuentro por las calles con agricultores que me dicen: “Tiene que llover”. Me encuentro con quienes no son agricultores pero comen y beben y no se creen, no ya que los campesinos pidan agua, sino que ésta, de verdad, sea necesaria. Pues sí, lo es, como lo es el sol y la suavidad de las temperaturas.

Para el trigo, para los campos y, también, para los cuerpos, que los catarros, con los cambios bruscos, siguen haciendo estragos.

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