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Publicado por Ángel Cuaresma

Las elecciones que celebrará el campo de Castilla y león el próximo 11 de febrero, más menos cinco años después de la última convocatoria, serán un test, no sólo de la representatividad de cada una de las fuerzas político-sindicales-empresariales que concurren, sino de la capacidad que tiene el sector para movilizarse, para creerse su importancia, y de la consciencia de la necesidad de estar representado en los supuestos órganos de decisión de los diferentes organismos oficiales, fundamentalmente autonómicos.

El pasado 2 de diciembre, José Ignacio Falces realizaba en Agronews un preciso análisis de en qué consisten estas elecciones y los cambios en relación a las anteriores convocatorias, junto con una radiografía de los resultados anteriores y su posible proyección en la cita presente. Les recomiendo su lectura reposada.

Digo que es un test a la capacidad de convocatoria que tiene el campo porque no se trata tan sólo de ver quién gana, salvo, claro está, para los directamente afectados. Se trata, a su vez, de conocer si las organizaciones concurrentes, a las que en algún momento se llegó a definir como sindicatos, mantienen una capacidad de seguimiento que, si bien no es abrumadora, sí que deja en mantillas a los sindicatos de clase. Con todos los defectos, que los tienen y puede que hasta mucho, las organizaciones agrarias, durante décadas, han dado muchas lecciones de los mal llamados sindicatos de clase.

Han dado una lección de participación, de afiliación, de prestación de distintos servicios a los afiliados y no afiliados, de asesoría técnica y jurídica y, sobre todo, de capacidad de movilización. Ahí están las históricas manifestaciones de miles y miles de personas en las carreteras de Castilla y León frente a las pírricas concentraciones de UGT y Comisiones Obreras en las grandes capitales.

Ello no debe hacernos pasar por alto aquello en lo que sí se han parecido a los sindicalistas de tradición: las luchas fratricidas, los casos de supuesta corrupción, las guerras libradas en los medios informativos …, en fin, todo eso que nos hace más humanos y mortales.

Pero, no nos engañemos: independientemente de la ideología, que la tienen, y de lo que podríamos llamar programas electorales de cada una de las candidaturas, ni unos, ni otros, ni los otros (hoy ya es difícil saber cuál es la tercera vía) no son sindicatos en el sentido clásico del concepto. Representan a los profesionales del sector y éstos, en su mayoría, al menos los llamados a votar, son trabajadores por cuenta propia, con asalariados contratados por ellos o las sociedades a su nombre. ¿Ello les convierte en empresarios? Pues sí, pequeños, medianos o grandes, no sé en función de qué número de hectáreas o cabezas, pero sí, empresarios, o autónomos, o como se les quiera llamar. Y por muchos años.

De ahí que el tratamiento de sindicato agrario no sea tan ajustado como el de organización profesional.

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