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Publicado por Ángel Cuaresma

Hace ya muchos años leí, en mi tambaleante inglés, una historia que publicaba un medio impreso de comunicación  de los Estados Unidos. Eran los tiempos en los que aún no se había implantado el pensamiento único, las redes sociales no censuraban a los discrepantes (entre otras cosas, porque no había redes sociales) y cualquier duda sobre la limpieza electoral se disipaba con una investigación o un proceso rápido. Veamos la historia.

 

 

En una ciudad media del medio de los Estados Unidos, un hombre también de clase media y mediana edad se acercaba todos los días a un establecimiento situado, adivinen, em medio de una arteria comercial. El hombre compraba un periódico, pagaba religiosamente (ay, lo que he dicho), miraba la portada y, de inmediato, se deshacía del newspaper por el civilizado método de arrojarlo a la papelera contigua al edificio.

Transcurrido un tiempo más que prudencial, el vendedor le echó arrestos y se atrevió a preguntar a su fiel cliente el motivo de su repetido gesto. Éste, con expresión melancólica le respondió algo así como: “Busco una esquela”. El quiosquero, que es como un periodista pero con menos servidumbres y mayor libertad, replicó: “Perdone pero, las esquelas, van páginas adentro, casi al final”.

“No, no”, se defendió el primero, “la esquela que yo espero vendrá en primera página” y arrojó a la papelera el ejemplar del día.

Pue eso. Espero sus comentarios

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