Insostenible, pero no tanto

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Insostenible pero no tanto

 

Para cualquier lector mínimamente avisado la situación que vive el Gobierno, el partido que lo sustenta y el entorno familiar pudiera resultar insostenible. Pues parece que no lo es tanto.

Una vez más, intentaré explicarme. En cualquier país de esos que llamamos de nuestro entorno, de esos que consideramos democracias consolidadas, por mucho menos de lo que en España se está viviendo habría caído el Gobierno entero o, por mejor decir, habría dimitido su presidente lo que, de facto, significaría una disolución de su Parlamento y la convocatoria de elecciones anticipadas.

Circunstancias menores, o muchos menos graves que en España, se han vivido en países tan cercanos como Portugal o un tanto más lejanos como, por ser reciente, el de la corrupta Ucrania del agonizante Zelenski.

Aquí, por ir resumiento, las situaciones jurídicas en sus más diversas formas pero todas ellas adversas, afectan, al menos hasta el momento de redactar estas líneas, al entorno familiar del presidente, a las personas (hasta hace no mucho) de máxima confianza en el Gobierno y, también hasta hace no mucho, en el partido que, repito, lo sustenta.

De esta guisa, nos encontramos con la esposa del presidente, el hermano del presidente, un ministro (hasta ahora) del Gobierno del presidente y dos, en su momento, secretarios de Organización (ya saben qué tipo de organización eran) del partido que lo sustenta. Para mayor gloria de Dios, la Justicia condena al fiscal general del Estado, del que hoy sabemos mucho pero del que, hasta hace unas fechas sólo sabíamos que dependía del Gobierno.

Si ensanchamos un poco más el radio de acción, nos encontramos con los socios que, a su modo, sustentan al Gobierno. Por la izquierda, probablemente lo peor que podemos encontrar en la política internacional, algo así como los corresponsales en España del infausto grupo de Puebla; y, por la derecha, la extrema derecha independentista catalana (también la vasca) recluida en una jaula de oro en Bélgica.

Vale, con estos mimbres no digo yo que los ciudadanos tuviéramos que estar tomando las calle ni asaltando los supermercados, no. Pero es que no se atisba reacción, no parece que unas hipotéticas elecciones generales garantizaran un cambio, y los, para muchos, resultados decepcionantes de 2023, podrían repetirse, con matices y oscilaciones, en el momento presente.

Algunos analistas atribuyen esta aparente desidia ciudadana a la buena situación económica de España. Esos mismos analistas, u otros, matizan acto seguido que tal bonanza no es real; que, por supuesto, no llega a todas las capas de población y que las pesetillas que circulan se deben a un desorbitado crecimiento del gasto público que, tarde o temprano, pagaremos con creces.

Otros, prefieren, preferimos, creer que no es sólo eso. Quizá todo ello se deba a una visión acomodaticia de las diferentes capas de la sociedad que, con tres duros o sin ellos en la cartera, mientras puedan ir tirando y salir un par de noches a la semana a picotear algo, ya tienen la vida solucionada y, lo que hagan o delincan los políticos, poco o nada importa.

Blog de Ángel Cuaresma

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