Juan Vicente Herrera
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Publicado por Ángel Cuaresma

Este fin de semana, el PP daba el pistoletazo de salida de la precampaña para las Elecciones europeas del 25 de mayo, y lo hacía de un modo que le diferencia, si no de su propia formación nacional, que no se trata de eso, sí al menos de otras convocatorias al Parlamento de Estrasburgo. Quizá estas diferencias, que de inmediato intentaré analizar, pretendan evitar que estos comicios se conviertan en la tradicional oportunidad de castigar a quien en el momento de celebrarse ocupa el Gobierno central o, quién sabe, sirvan para abonar el terreno cara a las nada lejanas convocatorias autonómicas y municipales.

Sea por estos o por otros motivos, lo cierto es que la llamada Convención regional, con sede en la emblemática Magaz de Pisuerga, dedicó una de sus tres mesas de de debate a abordar el futuro del mundo rural y en ella participaron, entre otros ponentes, la propia consejera del ramo, Silvia Clemente, y el portavoz parlamentario del partido para estas cuestiones, Óscar Reguera, quien fuera director general de Agricultura y Ganadería en tiempos del consejero García Monge.

Esta mesa, y las no pocas alusiones a un problema tan estrechamente relacionado con el medio rural cual es la despoblación, marcan ya de entrada una campaña que, ojalá, siga prestando atención a los problemas de nuestro campo pues es precisamente este sector una de las grandes razones de ser de la Unión Europea.

Sin embargo, quizá la diferencia que más llamó la atención de los allí presentes, en la práctica políticos y periodistas, fue el tono de Juan Vicente Herrera; sabido es que éste, ni siquiera cuando interviene en los foros estrictamente de partido, abandona ese tono suyo tan institucional, tan de presidente de la Junta que le ha valido el respeto de los suyos y de los adversarios políticos pero que, en ocasiones, tanto exaspera a los periodistas, siempre ávidos, nosotros, de titulares grandes en la forma y quién sabe si pequeños en el contenido.

Pues bien, el sábado, sin pasarse, sin insultar, pero renunciando a la acomplejada parálisis argumental de la derecha española, el presidente no se anduvo por las ramas, se remangó, en sentido figurado, y se puso manos a la obra. Insisto, no cayendo en el chascarrillo fácil ni en la grosería al uso pero sí advirtiendo a los suyos de que se tomará nota del esfuerzo que cada uno de ellos haga en esta campaña a punto de iniciarse oficialmente.

Y, después, mensaje, también, en clave nacional, que pasó por describir, políticamente, claro, a la eurocandidata socialista, Elena Valenciano y sus modelos de gestión: ¡¡¡Andalucía!!! Y aquí, sí, Herrera estuvo sobrado: Ni Andalucía es del PSOE, ni Castilla y León del PP; son de María Santísima, apostilló el líder del PP en el transcurso de un discurso de unos 45 minutos (aquí sí que fue como los habituales) en los que vimos un Herrera echado para adelante, con ganas, no sé si sólo de ganar las europeas o de algo más. Ya me entienden.

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