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Publicado por Ángel Cuaresma

El mundo no vivirá lo suficiente para tanto agradecimiento a Obama y a Biden. No habrá, ni años, ni habitantes, suficientes para reconocer su contribución a la desestabilización, a la sustitución de una muy endeble sensación de esperanza a una certeza de desesperación. En un tiempo récord, en muy pocos meses, hemos pasado de la paz de Trump a la guerra de Biden. Y no será la primera.

Sin embargo, justo será reconocer que no toda la culpa de lo que estos últimos días de verano está sucediendo, me refiero, claro está, a Afganistán, es de los Estados Unidos y su nada digna retirada. La decisión, que estaba más cantada que una verbena de las de antes de la pandemia, es también fruto de esa machacona insistencia de quienes fuerzan el pensamiento de la sociedad. De ese no intervenir (después veremos las excepciones), de ese respetemos la soberanía de los países y los pueblos (veremos más excepciones), de ese dejemos hacer, que sólo es liberalismo para beneficiar, precisamente, a los que reniegan de él.

No es sólo la izquierda occidental, a la que pocos miligramos de vergüenza quedan, salvo honrosos casos allá por Escandinavia; es también buena parte de esa derecha, también buscando su Tercera Internacional, que pide, exige, vocea a los Estados Unidos, a la maltrecha OTAN y a todo lo que represente democracia, que se retire de aquellos lugares donde han puestos los muertos y los heridos para que luego vayamos los demás a recoger los frutos en forma de calefacción, es decir, luz y gas.

Es esa izquierda y buena parte de la derecha, ahora vamos con las excepciones, a la que no gusta que a Irak, con todas las dificultades y el infierno atravesado, llegara la democracia en forma de Parlamento y pluralidad. Es esa izquierda y parte de la derecha que monopoliza ese engendro monstruoso que es la actual Unión Europea, de la que parecería que hay que huir como de la peste.

Es esa Unión Europea, algunos de cuyos representantes legitiman a los talibanes porque, dicen, han ganado una guerra (¿vale esto para Franco?) pero quieren quitar las ayudas e intervenir los países del llamado grupo de Visegrado por sus políticas radicalmente democráticas y liberales. ¿Aquí no sirve la soberanía nacional?

Creo que a muchos nos gustaría saber qué hubieran hechos los Estados Unidos de Obama y Biden y la UE de Soros si en Afganistán, en lugar de reimplantarse un régimen islámico en lo religioso, jurídico y político, y comunista en lo económico, el país hubiera devenido en eso que llaman fascismo o extrema derecha. ¿Nos hubiéramos marchado? ¿O habríamos puesto más muertos sobre la mesa?

Pero, insisto, no echemos toda la culpa a Biden. Como Messi, él bordea el larguero, expresión que dejo a la libre interpretación de cada lector. Acordémonos, antes bien, de su vicepresidenta, Kamala Harris, que, en el peor momento del aún breve mandato, deja solo al presidente y desaparece de la escena pública, rumbo a la parte tranquila de Asia. Qué mala, Harris.

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