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Publicado por Ángel Cuaresma

Las terminales mediáticas del PP, que no son tan poderosas ni cohesionadas como las del PSOE pero tienen su aquel, andan estos días que no supuran gota con la mayoría absoluta del Alberto Núñez (se supone que también del partido) en las Elecciones autonómicas. Ello es, probablemente, porque no necesitan escolarizar a sus hijos en castellano o no tienen necesidad de adentrarse por las brumosas carreteras de las aldeas.

Digo esto porque, si escarbamos un poco, y con todas las diferencias del mundo, que las hay, la política abanderada por Alberto Núñez en estas cuatro legislaturas no dista mucho de las practicadas por su homólogo Urkullu en nuestra también vecina, coqueta y recoleta región vasca. Es decir, derecha en el origen, dudoso cumplimiento de los principios fundacionales y, sobre todo, una cruel política lingüística que, en el caso de Galicia, ha sido y es aún más monocolor, supongo que porque el gallego, al menos el urbano, se entiende, por decirlo de manera coloquial.

Pero, si seguimos rascando, no es sólo la monocolor política lingüística o la siempre pendiente modernización del acusadísimo medio rural gallego; si nos ceñimos a lo que estrictamente podríamos llamar modelo de partido, qué representa Alberto Núñez, que no es lo que las terminales acomodaticias nos quieren vender.

Sí, sí, ya sé que el centrismo y la moderación, según nos dicen. Pero, qué es el centro y qué es la moderación. Podríamos pensar que por moderación se entiende falta de principios, renuncia a las ideas e incluso mediocridad. En el caso del veterano presidente gallego, mediocridad, desde luego, no, pero tal facultad quizá podría sustituirse por deslealtad. De qué otro modo se entiende, si no, ese intento de ocultar las siglas del partido que le catapulta. También sabemos que no ha habido ¿caralhos? para vetar la presencia de Pablo Casado en la campaña pero por qué rechazar la llegada de los líderes que se han enfrentado a Sánchez e Iglesias durante los momentos más duros de la pandemia.

Porque ese es otro debate. Espero que nos olvidemos de distinguir entre aquellos políticos populares que plantaron cara al Gobierno y sus despropósitos, hoy fumigados de la campaña gallega, y quienes, quizá por una mascarilla para su pueblo, optaron por la complacencia y el silencio.

Sin embargo, tengo para mí que el éxito del PP en Galicia y el desastre de las  fuerzas de izquierda no se debe sólo a la gestión de Núñez sino a la vidilla que han dado a la política nacional los pocos barones del PP que no tuvieron pelos en la lengua y se los dejaron en la gatera.

Galicia, Galicia, Galicia… era el lema del PP en la campaña, algo así como un excusatio non petita, como un “no tengo aspiraciones nacionales”. Pues claro que no las tiene, no sea que, llegado a Madrid, toque hablar en español o castellano.

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