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Publicado por Ángel Cuaresma

De todas las informaciones relacionadas con la composición del nuevo Gobierno, creo que la mayoría de los españoles se ha quedado con la copla de la reala de vicepresidencias que se ha nombrado. De otro lado, de todas las informaciones que, en los últimos meses, afectan al medio rural, las que más ha calado, y con razón, creo que son las que se refieren al grave problema de la despoblación.

Pues bien, unimos unas con otras  y encontramos el nexo: una Vicepresidencia para abordar el reto demográfico. Hasta ahí, bien, aunque sólo sea como mera declaración de (buenas) intenciones. El problema es que la Vicepresidencia, como hay pocas, ¿saben?, lleva otro nombre y, por tanto, otras competencias; sí, sí, se llama para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que es como meter al zorro en el corral.

Porque, si nadie duda ya del grave problema que es, en casi toda España, la despoblación, las cuestiones relacionadas con algo tan laxo como el medio ambiente o la ecología no lo son menos, no tanto por el hecho real, que existe, como por el apocalipsis que nos prometen quienes viven de ello, que no son, por otra parte, los agricultores y ganaderos sino quienes han montado sus negocios a costa de entorpecer los de los demás.

Pero, entiéndanme, unir la lucha contra, qué se yo, el cambio climático o la contaminación con la búsqueda del desarrollo socioeconómico de nuestros pueblos se da de bofetadas (tortas, por sus alusiones cerealistas sería expresión más apropiada). Porque, no nos engañemos, desnudémonos de la capa del miedo y la corrección y hablemos claro: lo último que necesitan nuestros pueblos, nuestras aldeas, nuestras pedanías… es más impedimento, más obstáculo, más legislación a la instalación de industrias, de granjas, de establecimientos de comercio y hostelería.

No digo yo que no debamos cumplir con un mínimo de rigor y unas elementales normas de protección medioambiental, que existen desde hace décadas y están muy, muy reguladas pero, si preguntan a los habitantes que van quedando, que suelen ser mucho menos prudentes que políticos y periodistas, a buen seguro que nos dicen que lo que necesitan en su entorno son fábricas que contaminen de narices (o algo más avícola), cerdos que sean muy cochinos y edificios que destaquen de las casas del pueblo de al lado, que seguro que es menos pueblo.

Bien, ya sé que esto es una exageración y como tal hay que tomarla pero, con un poquito de mesura, pero sin quedarse  a medio camino, antepongamos el interés de nuestros paisanos y, sin matar la gallina de los huevos de oro, llevemos vida a sus hogares, no sólo infinitas variedades de contendedores, no sea que, pronto, no haya nada que recoger.

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