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Publicado por Ángel Cuaresma

La feliz compra, insisto en tacharla de tal, de los malogrados supermercados El Árbol por parte de la todopoderosa cadena de distribución DIA ha generado una tímida reacción por parte de sectores empresariales y agrarios que creo forma parte más de una pose que consideran obligada que de una alarma real. Estas semidudas,  puestas de manifiesto, entre otros foros, en el seno del Consejo Económico y Social, se centran, fundamentalmente, en qué va a suceder con los contratos que los anteriores propietarios mantenían con los agricultores y ganaderos de la Comunidad, como si de estos contratos dependiera el futuro del sector agropecuario regional.

Los nuevos gestores se han apresurado a explicar, con buen criterio, que sus decisiones se tomarán en función de la viabilidad de la compañía, algo de sentido común en un régimen de libre mercado, el único posible, por otra parte, y que se da de tortas con el que hasta ahora venía funcionando en El Árbol con los resultados por todos conocidos desde hace años.

La pregunta que habría que formular a los empresarios, sindicalistas y representantes del sector agrario, legítimamente preocupados por los dineros dela tierra, es qué prefieren, a Jesús o a Barrabás; es decir, si desean una empresa de aquí que firma contratos con productores de la Comunidad a los que no llega a pagar, o una cadena de ámbito nacional (a fecha de hoy, por cierto, ya no es una firma francesa) que te compre menos pero que, al menos, garantiza el abono del suministro en tiempo y forma. Tampoco se ha confirmado que vayan a exigir a estos proveedores una quita de la deuda.

O poco conozco a los nuevos gestores, o estos no se van a dejar chantajear, lo que no significa, por otra parte, que no sean, digamos sensibles con una tierra en la que también asientan sus reales desde hace tiempo y de cuya calidad, seriedad y fiabilidad seguro que son conscientes tras años de mutuo beneficio.

Al final, quien adoptará sus decisiones será el consumidor, que no quiso subirse al árbol mientras algunos parece que ahora se caen del guindo.

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