Imagen de Ángel Cuaresma
Publicado por Ángel Cuaresma

Del mismo modo que el mal llamado sindicalismo de clase nada tiene que ver con el probablemente también mal llamado sindicalismo agrario, los modelos de agricultura, dentro de España, no responden al esquema clásico izquierda-derecha o, por simplificar, PP-PSOE.

Las diferencias geográficas, climatológicas, sociológicas y de rendimientos por hectárea de un mismo cultivo, por no hablar de las también acusadas diferencias en la ganadería, hacen imposible que lo que unos consideran válido para el norte lo sea también para el sur, y seguimos, por supuesto, simplificando. Ello ha motivado, casi podríamos decir que históricamente, que partidos políticos y organizaciones agrarias homólogas e integradas en una misma estructura nacional, discrepen a la hora de definir sus criterios sobre determinadas actividades.

No insistiré en el recurrente enfrentamiento entre Ministerio y la Consejería del ramo, que es ya un clásico de la presente legislatura nacional. Pero, sin insistir en ello, no podemos obviar cuestiones en las que gobiernos central y autonómico, sustentados ambos por el mismo partido político, se han vistió separados, la norma del etiquetado de los productos ibéricos, sin ir más lejos, que, por segunda Navidad consecutiva, es actualidad. Y ello porque, curiosamente, son los políticos con responsabilidades nacionales los que menos visión tienen de los asuntos públicos en tantas y tantas ocasiones. Su capacidad de comprensión se reduce a Madrid, las siempre conflictivas regiones catalana y vasca y aquella de la que proceden, en el caso que nos ocupa Andalucía.

El mismo arquetipo de enfrentamiento podemos trasladarlo a las organizaciones profesionales agrarias que, en función del tamaño de las explotaciones y el perfil social de sus propietarios, pueden llegar no sólo a diferir sino, incluso, a mantener criterios opuestos. Aquí, el ejemplo más de actualidad sería la definición de agricultor activo, concepto que, a tenor de lo publicado en estas fechas, acaparará la atención del sector y de los informadores del mismo durante buena parte del año que comienza. Esperemos que también de los pacientes lectores.

Este que suscribe no es nada supersticioso, como supongo que la mayoría de nuestros lectores tampoco se confía al albur de este tipo de bromas pero, aceptando como anecdótico que el 13 trae mala suerte,  asumamos también que su finalización y la llegada de 2014 será también positiva para la agricultura y al ganadería de Castilla y León. Que así sea.

Añadir nuevo comentario