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Publicado por Ángel Cuaresma

La despoblación, uno de los grandes problemas de varias regiones del interior de España, es un asunto digamos que casi eterno que se pone de moda ocasionalmente y con la misma ocasionalidad se olvida para recodarlo cuando vuelva a convenir. La despoblación es una de esas pescadillas caníbales que se muerden la cola, es decir, que los núcleos rurales se despueblan porque no hay servicios y no hay servicios porque se despueblan.

Ello se traduce en carencia de comercios, entidades bancarias (cajeros automáticos incluidos), menos hostelería, casi nada de ocio salvo el propio paisaje y la deseada o indeseada tranquilidad. Pero, por encima de todas estas carencias, la de mayor gravedad es, sin duda, la que estos días se ha puesto de moda: la sanidad.

Ahora hablaremos de ello pero, antes, me gustaría aclarar que, con ser grave, el verdadero problema no es la despoblación sino la dispersión geográfica de los pocos habitantes que van quedando en los pueblos. Castilla y León no es la Comunidad peor situada en despoblación pero sí afronta el mayor problema de dispersión dada la extensión de su territorio en el que los poco más de 2.000 municipios se dispersan en más de 7.000 núcleos de población.

Esta situación genera una dificultad física, pese a la mejora de las comunicaciones, para llevar la sanidad o llegar a ella, y un considerable coste económico para algo que es esencial, sin duda, el más importante de los servicios que prestan las administraciones.

Pero, claro, los recursos son limitados (y aunque no lo fueran) y, con toda la cautela del mundo, no parece viable eso que comúnmente se llama tener todos el médico a la puerta de casa. Sí, sí, ya sé que todos queremos un centro de salud, y si está dotado de especialidades, mejor, en nuestro pueblo; todos queremos un hospital en cada cabecera de comarca; ya sé que, ante una urgencia, o ante el mínimo dolor o malestar, las distancias se nos hacen eternas pero, ¿dónde ponemos el límite?

Y esa es la pregunta a la que deben contestar los gestores a los que los ciudadanos han encomendado la labor. El criterio puede ser de número de habitantes, o de distancia geográfica al consultorio u hospital más próximo. Otro criterio sería el relativo a la dotación: hospital, consultorio, helicóptero, UVI móvil, ambulancia básica… Son, como digo, criterios que, con un mínimo de consenso, deberán abordar unos gestores que, dicen, vienen a no dejar las cosas como estaban.

Claro, no dejar las cosas como estaban significa, no nos engañemos, no abrir nuevos recursos, sino reagruparlos en municipios mayores, eufemismo con el que se evita el verbo cerrar, aunque sea parcialmente. Es Ciudadanos la formación política que se ha hecho cargo de la Consejería de Sanidad y de la Vicepresidencia de la Junta, y es Ciudadanos, por tanto, el que parece que va a ejecutar el trabajo sucio al PP, la otra gran pata del Gobierno autonómico, que puede salir indemne de las decisiones que adopte el tándem Igea-Casado.

Decisiones que no gustan pero puede que no quede más remedio.

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