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Publicado por Ángel Cuaresma

Las declaraciones del alcalde de Valladolid, el socialista Óscar Puente, cuestionando la labor de oposición realizada estos meses por su compañero de partido, Luis Tudanca, han dado vidilla a la ya de por sí movidita vida política regional, que en nada se parece a lo que pudieran pensar las siempre cuadriculadas miradas de la comunicación madrileña. Ante tales declaraciones, lo primero es preguntarse si el también portavoz de la Ejecutiva nacional (la llaman federal) tiene razón. Pues tiene razón y no la tiene. Me explico.

De entrada, no es novedoso que el alcalde de la que los políticos impiden llamar capital de la Comunidad (como si algunos hiciéramos lo que dice el Estatuto) se enzarce con políticos de uno u otro signo. Aparte cuestiones nacionales, rayan la épica sus diatribas, fundamentalmente vía Twitter, con el vicepresidente de la Junta, Francisco Igea. Lo novedoso del asunto es que, en este caso, el blanco de las críticas, en las que tiene razón y no la tiene, es un compañero de partido pese a que, como es sabido, uno y otro pertenecen a no muy diáfanos sectores, ramas o cuerdas diferentes del PSOE, y eso sin salir de Castilla y león.

Tiene razón Óscar Puente en que, quizá, la labor de oposición no haya sido suficientemente contundente pero es que la pandemia ha sido una excusa para, menos al virus, neutralizar muchas coas, entre ellas, la labor de oposición. Véase, si no, el papelón de PP y Ciudadanos durante las primeras semanas de la crisis sanitario-económica. Aquí, en Castilla y León, sin ser la comunidad que peor ha hecho las cosas, motivos ha habido, y más, para la crítica: ancianos secuestrados en residencias, respiradores asignados por fecha de nacimiento, atención sanitaria telefónica… En fin, nada que no haya sucedido en otros lugares bajo el mando único de Pablo Iglesias. Lo que ocurre es que, aquí, a la no excesiva crítica de la oposición socialista, se unía la licuefacción con que la Junta trataba al Gobierno de Sánchez a cambio de unas mascarillas y unos botes de gel, trascendentales, por otra parte, en aquellos momentos. Es decir, que hoy por ti, mañana por mí.

Sin embargo, en lo que puede que no tenga razón Puente es a la hora de valorar, o no valorar, el esfuerzo titánico que supone realizar oposición,  aunque el hoy alcalde se bregó en estas lides durante sus años pretéritos en el Ayuntamiento. Con Tudanca al frente, el PSOE logró, 36 años después, ganar, y no por un escaño, las Elecciones autonómcias; y, además, el pacto con Ciudadanos estaba más que fraguada. Se interpuso Madrid, que ya se sabe lo autonomistas que son los partidos.

Tras despertar de un sueño que duró uno o dos meses, Tudanca, como es tradición en el socialismo regional, se enfrenta a un imposible, un gigante institucional, político, mediático, estructural… contra el que es harto complicado luchar y sacar rédito.

En suma, que tablas en la partida Tudanca-Puente y a esperar otra ronda.

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