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Publicado por Ángel Cuaresma

El proceso de sovietización en que se ve constreñida estos días la sociedad española, como otras de nuestro entorno, por otra parte, es una de las circunstancias más dolorosas a las que probablemente la humanidad se haya enfrentado en décadas. Dolor que oprime, por encima de todos, a los afectados y sus familias, sean aquéllos víctimas mortales o enfermos, y que se extiende, con manto negro y guadaña, por toda la población.

Sin embargo, siendo todo ello extremadamente angustioso, no me negarán que, alguna de las medidas adoptadas, por muy necesarias que puedan ser, forman parte, consciente o inconscientemente, del sueño de todo gobernante, sea éste comunista o demócrata.

Puede que sea necesario pero me pregunto qué político, en el gobierno o en la oposición, no ha soñado alguna vez con arrogarse unas facultades (insisto, quizá necesarias) que le otorga la Constitución para decretar el confinamiento de la población sabiendo, además, que los ciudadanos lo van a entender, o van a hacer como que lo entienden.

Puede que sea necesario pero quién no ha soñado, entre mitin y mitin, entre decreto y decreto, en anunciar, aunque sea a altas horas de la noche, quién se mueve, de dónde y hacia dónde, y diciéndole, además, cuándo y cómo tiene que hacerlo.

Puede que sea necesario pero qué gobernante no ha soñado, especialmente en una democracia, no se crean, con disfrutar de una ciudadanía callada, sumisa, porque le han hecho creer que lo mejor para luchar contra la enfermedad es no criticar al Gobierno, que parece que es el que cura a los enfermos y descubre los antídotos. Si hasta da la sensación de que los aplausos son para los políticos, no para los sanitarios. No hay respiradores, ni mascarillas, pero andamos sobrados de anestésicos.

Puede que sea necesario pero qué servidor público (es que no encuentro sinónimos) no ha escarbado alguna vez en la legislación para ver si las empresas, industrias o no, le podían fabricar sueños a su medida.

Puede que sea necesario pero qué político no se ha relamido alguna vez con la posibilidad de mandar al Ejército a la calle, aunque sólo sea para pasar la mopa. Ah, y que nadie se ría, por favor, porque pasando la mopa arriesgan sus vidas para salvar las nuestras. Y quién no ha salivado con gula ante la pecaminosa capacidad de permitir que la Policía nos pare aleatoriamente y tengamos que dar explicaciones de nuestros movimientos. ¿A que es tentador?

Y quién no ha contemplado la opción de estabilizar las arcas públicas imponiendo sanciones desproporcionadas en una época que augura una gravísima e inmediata penuria. Atrás quedaron ya esas discutidas y recurribles multas de 90 ó 100 euros. Hoy, son ya de 600, ó vaya usted a saber de cuánto, y nadie les tose, aunque la expresión, y pido perdón, sea muy desafortunada.

Y quién no ha calibrado la posibilidad, aunque no sea algo novedoso, de pastorear unos medios de comunicación aún más controlados en aras a un supuesto interés público que pasaría por admitir las verdades oficiales, confundir las fake news, que las hay, y muchas, con las no deseadas news. Qué gobierno no ha juguetado en su fuero interno con algo así: unos medios del PP prudentes, prudentes (al menos, los primeros días, que la cosa va cambiando), sin mellar con su crítica al Gobierno central, mientras los medios del PSOE la emprenden a tiros (en sentido figurado, por favor), con las comunidades autónomas gobernadas por los populares.

Claro, el sueño se altera ligeramente cuando, con un ojo abierto y otro cerrado, ven que pueden controlar todas las televisiones en abierto, casi todas las radios y casi todo lo impreso, pero lo digital es inabarcable y el gesto de ir derecho al ordenador, al móvil o a la tableta es la algo más que instintivo, es muy, muy reflexivo.

Y qué presidente, rizando el rizo de lo deseable, rozando ya la lujuria, no apostaría todo su capital político a una oposición que dice que ahora no es el momento de criticar, que ahora no toca, que cuando todo esto pase, ya se verá. ¡Con la mala memoria que tenemos todos!

Era el sueño de todo gobernante. Medios de comunicación, partidos políticos, militares, policías, ciudadanos… Todos educados, pulcros, calladitos, modosos, en casa a la hora de cenar mientras vaya quedando algo de cena.

Pero el sueño, que ya era una pesadilla para los afectados, sus familias y sus amigos, se ha convertido en insomnio para todos, especialmente para quien no podía dormir con Pablo Iglesias en su Gobierno.

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